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lunes, 12 de febrero de 2018

Personaje del mes: Moises


Personaje bíblico, hijo de Amram y Jokebed, hermano de Aarón y Miriam, de la tribu de Levi que, según el relato de Éxodo (siglo XIII a. C.), liberó al pueblo judío de la opresión a que se veía sometido por Egipto conduciéndoles por el desierto hacia la Tierra Prometida de Israel, aunque murió sin poder entrar en ella (según la tradición bíblica vivió 120 años y fue a la edad de 80 cuando se enfrentó al faraón). Fue el autor de los fundamentos de la ley judaica que está contenida en los cinco libros del Antiguo Testamento que forman el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) y que constituyen la Thora (“Ley” o “Enseñanza”) de los judíos.

La Era de Moisés Uno de los hijos de Jacob (descendiente de Abraham), llamado José, que fue vendido como esclavo al Faraón de Egipto, consiguió, en la corte de este rey, tal prestigio y autoridad que llegó a ser virrey de Egipto y en calidad de tal llamó a sus hermanos y les dio el país de Gersén para que lo cultivaran y vivieran de sus productos. De este modo, los israelitas se hicieron tan numerosos que los reyes de Egipto temerosos de su importancia los sometieron a dura servidumbre, acabando por decretar la muerte de todos los hijos varones que nacieran en aquel pueblo. El relato bíblico (Éxodo II, 1-10) hace de Moisés un judío de la tribu de Leví recogido por la hija del Faraón en los juncos del Nilo, donde su madre le había depositado para conmover a la princesa y salvar al niño de una persecución idéntica a la de Herodes. Sin embargo, otras fuentes afirman que Moisés fue un sacerdote de Osiris.

Años de formación Criado en la corte de los faraones recibió instrucción en asuntos religiosos, civiles y militares. Al comienzo de su edad adulta y en defensa de un hebreo, cruelmente maltratado, mató a un egipcio. Este fue el motivo por el que tuvo que huir al desierto (Midiam, en el noroeste de Arabia) donde se convirtió en pastor y se casó con Séfora con quien tuvo dos hijos: Eliécer y Gerson.

Moisés en Midiam

Un día, mientras cuidaba las ovejas en el desierto, Moisés vio que un montón de espinas ardían entre llamaradas pero no se quemaban. Lleno de curiosidad, se acercó para ver qué era lo que pasaba y una voz le dijo: “Moisés, Moisés, quítate las sandalias porque el sitio que estás pisando es sagrado”. Le preguntó: ¿Quién eres Tú, Señor? La voz le respondió: Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. He oído las lamentaciones de mi pueblo de Israel y he dispuesto bajar a ayudarle. He dispuesto liberarle de la esclavitud de Egipto y llevarle a una tierra que mana leche y miel. Yo te enviaré al faraón para que os deje salir en libertad. Moisés preguntó: Señor, y si me preguntan cuál es tu nombre, ¿qué les diré? El Señor le respondió: Yo soy Yahvé (Aquel que crea).

Yo soy el que soy.

Irás a los israelitas y les dirás: “Yahvé, que es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, me envía a vosotros”. Luego reunirás a los ancianos de Israel, y con ellos irás al faraón a pedirle que deje salir libre al pueblo. El faraón se negará pero yo haré toda clase de prodigios para que os deje salir”. Moisés dijo al Señor: ¿Y qué demostración les voy a hacer para que sepan que voy de parte de Dios? El Señor le respondió: Echa al suelo tu vara de pastor. Moisés lanzó al suelo su vara o bastón que se convirtió en serpiente. Dios le dijo: Toma la serpiente por la cola. La agarró y se volvió otra vez bastón. Dios le dijo: ésta será una de las señales con las cuales yo te voy a apoyar para que te crean. Moisés le dijo a Nuestro Señor: “Yo tengo dificultad para hablar. ¿Por qué no mandas a otro?”. El Señor le dijo: “Tu hermano Aarón, que sí tiene facilidad para hablar, te ayudará”. Moisés se volvió a Egipto y junto con su hermano Aarón reunió a los ancianos de Israel y les contó lo que le había mandado el Señor Dios. Y convirtió el bastón en serpiente para demostrarles que venía de parte de Dios.


Moisés y el faraón

Fue Moisés con su hermano Aarón a la corte del faraón Ramsés II a solicitar la marcha del pueblo de Israel. Ramsés II, considerado un Dios, negó la existencia de Yahvé y no autorizó la partida de los israelitas. Moisés clamó a Dios y Dios le escuchó mandando diez terribles plagas a Egipto (agua que se convirtió en sangre, ranas, mosquitos, tábanos, peste para el ganado, ulceras en el cuerpo, granizo para los cultivos, langostas, tres  días de tinieblas y por último la muerte de todos los primogénitos de Egipto).

Camino del Sinaí Tras la muerte de su primogénito, el faraón permitió la salida de los israelitas (se estima que unas 15.000 personas). Al quinto día de la marcha, el faraón decidió salir en su búsqueda, acosándoles cerca del Mar de Papiros (Sea Reed, mar de papiros, probablemente un lago, erróneamente identificado como Mar Rojo). En este punto y por indicaciones de Yahvé, Moisés tocó con su bastón las aguas que se abrieron creando un camino por el que escapar de los egipcios. Una vez que el pueblo cruzó el mar, Moisés tocó de nuevo con su bastón y las aguas se cerraron ahogando a sus perseguidores. En ese día, el pueblo aumentó su fe en Dios y creyó en Moisés, su profeta, dirigiéndose con él al monte Sinaí. Durante los 40 años que permanecieron en el desierto, el pueblo sufrió terremotos, plagas, incendios, sequías y guerras con los pueblos nativos de Palestina. Faltó agua y comida siendo Yahvé quien proveyera del maná necesario para alimentarse.

El pacto en el Sinaí 

Al llegar al pie del monte Sinaí, Moisés subió a la cima y tras 40 días y 40 noches recibió dos tablas de piedra en las que estaban escritos los Diez Mandamientos que a partir de
entonces constituyeron las leyes fundamentales de los hebreos. De esta manera se dio forma a la religión judía: una alianza entre el único Dios (Yahvé) y el pueblo hebreo, que en adelante se mantendría fiel al monoteísmo fundado por Abraham; y un conjunto de leyes que incluían el culto del «Arca de la Alianza» (recipiente sagrado que contenía las tablas originales de los Diez Mandamientos), la instauración del clero y diez mandamientos de orden moral y religioso.

Desde el Sinaí a Transjordan El pueblo de Israel continuó camino a la Tierra Prometida y a los 40 años desde su marcha de Egipto bajo la dirección de Moisés, llegaron al fin a Canaán. Yahvé permitió a Moisés divisar la Tierra Prometida, desde la cima del monte Nebó (hoy Jordania), y después de esta visión murió. Sin embargo, ya había entregado el liderazgo del pueblo a Josué (hijo de Aarón).

Moisés el hombre

Moisés, profeta y legislador hebreo. También el Islam, que le llama Musa, lo reconoce y venera. La historia de su vida se relata sobre todo en los libros Éxodo y Deuteronomio del Antiguo Testamento. Personaje bien conocido en el cristianismo, se le menciona con frecuencia en el Nuevo Testamento. En la transfiguración de Cristo, Moisés representa la Ley. La obra de Moisés es el Pentateuco, la Thora, la Ley. Formuló el decálogo y medió en el pacto del Sinaí estableciendo una relación personal con Dios. Personaje sagrado para los hebreos, se le considera el más grande de los profetas, al que nadie puede eclipsar salvo la figura de Jesucristo al que presagió.

sábado, 3 de febrero de 2018

Religión y ciencia

Este artículo fué escrito por Albert Einstein y se publicó en el New York Times Magazine en 1930



Todo lo que ha hecho y pensado la especie humana se relaciona con la satisfacción de necesidades profundamente sentidas y con el propósito de mitigar el dolor. Uno ha de tener esto constantemente en cuenta si desea comprender los movimientos espirituales y su evolución. Sentimiento y anhelo son la fuerza motriz que hay tras todas las empresas humanas y todas las creaciones humanas, por muy excelsas que se nos quieran presentar. Pero, ¿cuáles son los sentimientos y las necesidades que han llevado al hombre al pensamiento religioso y a creer en el sentido más amplio de estos términos? Un poco de refl exión bastará para darnos cuenta de que presidiendo el nacimiento del pensamiento y la experiencia de lo religioso están las emociones más variadas.

La religión en el hombre primitivo

En el hombre primitivo, es sobre todo el miedo el que produce ideas religiosas: miedo al hambre, a los animales salvajes, a la enfermedad, a la muerte. Como en esta etapa de la existencia suele estar escasamente desarrollada la comprensión de las conexiones causales, el pensamiento humano crea seres ilusorios más o menos análogos a sí mismo de cuya voluntad y acciones dependen esos acontecimientos sobrecogedores. Así, uno intenta asegurarse el favor de tales seres ejecutando actos y ofreciendo sacrificios que, según la tradición transmitida a través de generaciones, les hacen mostrarse propicios y bien dispuestos hacia los mortales. En este sentido, hablo yo de una religión del miedo. Ésta, aunque no creada por los sacerdotes, se halla en un grado notable afianzada por la formación de una casta sacerdotal que se erige como mediadora entre el pueblo y los seres a los que el pueblo teme, y logra sobre esta base una hegemonía. En muchos casos, un caudillo o dirigente o una clase privilegiada cuya posición se apoya en otros factores, combina funciones sacerdotales con su autoridad a fi n de reforzarla; o hacen causa común con la casta sacerdotal para defender sus intereses.

Enfoque moral de la religión

Los impulsos sociales son otra fuente de cristalización de la religión. Padres y madres y dirigentes de las grandes comunidades humanas son mortales y falibles. El deseo de guía, de amor y de apoyo empuja a los hombres a crear el concepto social o moral de Dios. Éste es el Dios de la Providencia, que protege, dispone, recompensa y castiga; el Dios que, según las limitaciones de enfoque del creyente, ama y protege la vida de la tribu o de la especie humana e incluso la misma vida; es el que consuela de la aflicción y del anhelo insatisfecho; el que custodia las almas de los muertos. Ésta es la concepción social o moral de Dios.

Las Sagradas Escrituras judías ejemplifican admirablemente la evolución de la religión del miedo a la religión moral, evolución que continúa en el Nuevo Testamento. Las religiones de todos los pueblos civilizados, especialmente los pueblos del Oriente, son primordialmente religiones morales. El paso de una religión del miedo a una religión moral es un gran paso en la vida de los pueblos. Y sin embargo, el que las religiones primitivas se basen totalmente en el miedo y las de los pueblos civilizados sólo en la moral es un prejuicio frente al que hemos de ponemos en guardia. La verdad es que en todas las religiones se mezclan en cuantía variable ambos tipos, con esa diferenciación: que en los niveles más elevados de la vida social predomina la religión de la moral. Común a todos estos tipos de religión, es el carácter antropomórfico de su concepción de Dios. En general sólo individuos de dotes excepcionales, y comunidades excepcionalmente idealistas, se elevan en una medida considerable por encima de este nivel. Pero hay un tercer estadio de existencia religiosa común a todas ellas, aunque raras religioso cósmico. Es muy difícil explicar este sentimiento al que carezca por completo de él sobre todo cuando de él no surge una concepción antropomórfica de Dios.

El sentimiento religioso cósmico

El individuo siente la inutilidad de los deseos y los objetivos humanos y el orden sublime y maravilloso que revela la naturaleza y el mundo de las ideas. La existencia individual le parece una especie de cárcel y desea experimentar el universo como un todo único y significativo. Los inicios del sentimiento religioso cósmico aparecen ya en una etapa temprana de la evolución, por ejemplo, en varios de los salmos de David y en algunos textos de los profetas. El budismo, como hemos aprendido gracias sobre todo a las maravillosas obras de Schopenhauer, tiene un contenido mucho más rico aún en este sentimiento cósmico.

Los genios religiosos de todas las épocas se han distinguido por este sentimiento religioso especial, que no conoce dogmas ni un Dios concebido a imagen del hombre; no puede haber, en consecuencia, iglesia cuyas doctrinas básicas se apoyen en él. Por tanto, es precisamente entre los herejes de todas las épocas donde encontramos hombres imbuidos de este tipo superior de sentimiento religioso, hombres considerados en muchos casos ateos por sus contemporáneos, y a veces considerados también santos.

Si enfocamos de este modo a hombres como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza, veremos que existen entre ellos profundas relaciones. ¿Cómo puede comunicar y transmitir una persona a otra este sentimiento religioso cósmico, si éste no puede engendrar ninguna noción definida de un Dios y de una teología? Según mi opinión, la función más importante del arte y de la ciencia es la de despertar este sentimiento y mantenerlo vivo en quienes son receptivos a él.

Relación entre religión y ciencia

Llegamos así a una concepción de la relación entre religión y ciencia muy distinta de la habitual. Cuando uno enfoca la cuestión históricamente, tiende a considerar ciencia y religión antagonistas irreconciliables, y por una razón de lo más evidente. El individuo que está totalmente imbuido de la aplicación universal de la ley de la causalidad no puede ni por un instante aceptar la idea de un Ser que interfiera en el curso de los acontecimientos... siempre, claro está, que se tome la hipótesis de la causalidad verdaderamente en serio. Para él no tiene ningún sentido la religión del miedo y lo tiene muy escaso la religión moral o social. Un Dios que premia y castiga es inconcebible para él por la simple razón de que las acciones del hombre vienen determinadas por la necesidad, externa e interna, por lo que no puede ser responsable, a los ojos de Dios, lo mismo que no lo es un objeto inanimado de los movimientos que ejecuta. Se ha acusado, por ello, a la ciencia de socavar la moral, pero la acusación es injusta. La conducta ética de un hombre debería basarse en realidad en la compasión, la educación y los lazos y necesidades sociales; no hace falta ninguna base religiosa.

Triste sería la condición del hombre si tuviese que contenerse por miedo al castigo y por la esperanza de una recompensa después de la muerte. Es, por tanto, fácil ver por qué las iglesias han combatido siempre a la ciencia y perseguido a los que se consagran a ella. Por otra parte, yo sostengo que el sentimiento religioso cósmico es el motivo más fuerte y más noble de la investigación científica. Sólo quienes entienden los inmensos esfuerzos y, sobre todo, esa devoción sin la cual sería imposible el trabajo innovador en la ciencia teórica, son capaces de captar la fuerza de la única emoción de la que puede surgir tal empresa, siendo como es algo alejado de las realidades inmediatas de la vida. ¡Qué profundos debieron ser la fe en la racionalidad del universo y el anhelo de comprender, débil reflejo de la razón que se revela en este mundo, que hicieron consagrar a un Kepler y a un Newton años de trabajo solitario a desentrañar los principios de la mecánica celestes! Aquéllos cuyo contacto con la investigación científica se deriva principalmente de sus resultados prácticos es fácil que se hagan una idea totalmente errónea de la mentalidad de los hombres que, en un mundo escéptico, han mostrado el camino a espíritus similares a ellos, esparcidos a lo largo y ancho del mundo y de los siglos. Sólo quien ha dedicado su vida afines similares puede tener idea clara de lo que inspiró a esos hombres y les dio la fuerza necesaria para mantenerse fieles a su objetivo a pesar de innumerables fracasos.


Es el sentimiento religioso cósmico lo que proporciona esa fuerza al hombre. Un contemporáneo ha dicho, con sobradas razones, que en estos tiempos materialistas que vivimos la única gente profundamente religiosa son los investigadores científicos serios.

jueves, 4 de enero de 2018

Personaje del mes: Shri Sai Baba de Shirdi (1838-1918)


Pese a los estudios realizados, son pocos los datos conocidos sobre Sai Baba de Shirdi. Hasta hoy no se sabe con exactitud la fecha y lugar de su nacimiento así como no se tiene ninguna información acerca de sus padres y su familia. Lo único que se conoce con certeza es el carácter y comportamiento de este hombre que en su juventud se caracterizó por ser una persona tranquila, justa y, sobre todo, dotada de una gran paz interior.

Desde su misma niñez, la importancia de Sai Baba fue creciendo entre sus seguidores, a lo largo de toda su vida, como un ser dueño de una gran sabiduría que había alcanzado la Autorrealización y había traspasado el océano de ilusión, ajeno a las cosas perecederas y a los placeres de este mundo.

Sentado siempre bajo el árbol de neem, Sai Baba no se mezcló ni habló con la gente que le rodeaba salvo para responder a sus preguntas o peticiones. Sus ropas eran extremadamente sencillas. Vestía siempre un simple dhuni para protegerse del frío y un turbante para cubrir su cabello.

Comportamiento

Sai Baba de Shirdi trató siempre por igual a ricos y a pobres y su consejo era como un néctar para todo aquel que le escuchaba, permitiendo que su corazón brillara como el más limpio de los espejos.

Evitaba las discusiones y cualquier intento de analizar los pros y contras de una situación, mostrando en todo momento una gran tranquilidad fruto del conocimiento de que Dios era su único dueño.

Pese a su apariencia humana, los hechos de Sai Baba, como algunas de las curaciones que realizó entre la gente que acudía a él, dan prueba de la conexión que mantenía con la Divinidad.
Sai Baba de Shirdi autorizó en vida la escritura del Shri Sai Satcharitra y permitió la descripción de sus milagros para que sirviera de inspiración a sus devotos. Sus historias, parábolas y enseñanzas proporcionaban paz y felicidad a la gente afligida por sus dolores y cargada pesadamente con las miserias de su existencia cotidiana.

Sus enseñanzas

Sai Baba pensaba que si los hombres escuchaban sus historias y enseñanzas con respeto, meditaban sobre ellas y las asimilaban, crecería la fe en sus corazones y aumentaría su alegría al tiempo que desaparecerían el orgullo y el egoísmo. De ese modo podrían relajar su mente y conseguir fácilmente la Auto-Realización y la dicha. Equilibrar su mente y zambullirse en el Amor permitiría a los hombres disfrutar de una alegría infinita y eterna. Sai Baba de Shirdi procedió a tender un puente entre hindúes y musulmanes. Rama (Dios de los hindúes) y Rahim (Dios de los musulmanes) eran uno solo. No había la más mínima diferencia entre ellos. Y siendo así ¿por qué deberían pelear sus devotos entre ellos? Según sus enseñanzas, discutir no es bueno, como tampoco querer emular a otros ni tener siempre en cuenta el interés y bienestar de uno mismo. Dios nos ha de proteger. El yoga, el sacrificio, la paz de la mente y el conocimiento son, según Sai Baba, los medios para alcanzar a Dios. Si no lo logramos, el nacimiento es algo inútil. Y si podemos hacer algo, que sea algo bueno para los demás.

Sai Baba, que sentía un gran amor por sus discípulos, mostró todas las cualidades de un verdadero Guru Sus consejos tendían a desarrollar las buenas cualidades en sus devotos, purificando su corazón y estableciéndolos en el camino de la salvación. Sai Baba de Shirdi no impartió conocimiento terrenal sino que se fijó en la naturaleza de los seres humanos, en el sí mismo, intentando conducir a sus devotos más allá del océano de la existencia. Supo ver la Divinidad en todos los seres. Consideraba a amigos y enemigos semejantes a Él y se sentía Él mismo tanto en la prosperidad como en la adversidad, manifestándose así como un ser desinteresado, libre y perfecto.

Si deseamos o necesitamos cualquier cosa, tan solo debemos pedírsela al Señor, rindiéndosela y esperando sus bendiciones. Debemos fijar a la Divinidad en nuestra mente, entregando sentidos y mente, dedicados siempre a la adoración de Dios y no permitiendo que nuestra atención se dirija a ninguna otra cosa material como nuestro cuerpo, nuestra casa o nuestros bienes. Si lo conseguimos, dispondremos entonces de una mente tranquila, pacífica y despreocupada y conseguiremos salir del océano de ilusión que nos rodea y juega con nosotros.

El camino a Dios

Cierto día tras un largo viaje, un buscador se acercó a Sai Baba y le dijo: “¡Oh maestro, muéstrame el camino a Brahman!”. Y Sai Baba, gratamente sorprendido por su petición le dijo: “Todos los que acuden a Mí traen peticiones materiales, por lo que me es muy grato complacer tu petición espiritual. Para alcanzar a Brahman tienes que tener:

Virakti o sentimiento de insatisfacción con las cosas de este mundo

Antar muckhata (introspección). Tener la atención en el interior, no hacia el exterior. Ausencia de pecado. Dejar de tener comportamientos equivocados.

Comportamiento correcto. Preferencia por lo bueno (tiene que ver con los asuntos espirituales) sobre lo agradable (tiene que ver con los asuntos mundanos).

Purificación de la mente. Abandonar el egoísmo, la avaricia y los deseos mundanos de la mente.

Control de la mente y los sentidos.

Necesidad de un Guru. Es absolutamente necesaria la ayuda de un Maestro que tenga la Autorrealización, dado que ya ha recorrido el camino que tú vas a recorrer. La Gracia de Dios que es el requisito más importante.

Las enseñanzas de un Guru no tienen ninguna utilidad para el hombre lleno de egoísmo o que siempre piensa en los objetos de los sentidos. “Mi tesoro está lleno y puedo darlo a cualquiera que lo desee, pero tengo que ver si está preparado para recibir lo que entrego. Si me escuchas cuidadosamente, sin dudas, serás beneficiado. Nunca digo nada que no sea verdadero”.

Sai Baba de Shirdi vivió en la más absoluta pobreza pero nunca se apartó del mundo. Fue un Satguru que, tras alcanzar a Dios, se esforzó por llevar el bienestar a la gente.



viernes, 8 de diciembre de 2017

El simbolismo de la Diosa (2)

En el Génesis, en la descripción de la creación del Antiguo Testamento descubrimos que muchos de los elementos de los mitos más ancestrales han sufrido cambios fundamentales. En lugar de la Gran Diosa, la Madre de todas las criaturas, encontramos a Eva, que es una pecadora mortal. La compañera de la Diosa, la serpiente, se convierte en el símbolo del Mal. Yahvé es situado en el trono como el dirigente del mundo y Él, en un momento posterior, maldice no sólo a la mujer y a la serpiente, sino también a la tierra que los contiene. A la Diosa y a la creación se les priva de su santidad y son maldecidas para siempre.

La civilización occidental ha mostrado una actitud irrespetuosa, dominante, agresiva y violenta hacia la naturaleza, todo lo contrario a otras culturas, y las semillas de esta tendencia se plantaron aquí. Como Anne Baring y Jules Cashford han escrito:

“Si no se cree que la naturaleza es intrínsecamente divina, y en su lugar se cree sólo “creada” por la deidad como algo separado de la totalidad,… entonces apenas sorprende que estas culturas sean recordadas finalmente como mecanicistas. En consecuencia, la naturaleza ha sido progresivamente paganizada desde Augusto, pasando por Aquino, hasta el desarrollo de la ciencia a partir del siglo XVI y hasta nuestros días.”

El árbol de la vida y del conocimiento, que solía marcar el centro del universo conectando el macrocosmos y el microcosmos, perdió su signifi cado original en el Génesis.

Anne Baring y Jules Cashford señalan más adelante: “(…) En el mito del Edén, donde no existe la imagen unificadora de la diosa, de modo signifi cativo encontramos no un árbol, sino dos; o bien se podría afirmar que el único árbol ha dado lugar a dos, y ahora el fruto de ambos está prohibido.

En mitologías anteriores el único árbol ofrecía ambas cosas: el conocimiento y la vida, o la sabiduría y la inmortalidad. Ahora el conocimiento del bien y del mal se separa de la vida eterna, de modo que la percepción de dualidad se hace totalmente antitética a la percepción de unidad de la vida. (…) En mitos más antiguos el reflejo del misterio de la muerte lleva a un posterior reflejo del misterio de la vida y más aún, al misterio último del origen de existir más allá de la vida y de la muerte, por tanto guiando el corazón humano a su propio origen más allá de los contrarios de tiempo y eternidad. El mito del Génesis es único al tomar todas las imágenes reafirmantes de la vida de todos los mitos anteriores a él, es decir, el jardín, los cuatro ríos, el Árbol de la Vida, la serpiente y los padres del mundo, y hacer de ellos una ocasión no de gozo y maravilla sino de miedo, culpa y castigo. Y qué o quién es culpable sino precisamente la mujer y la serpiente, anteriores encarnaciones de la Diosa y su poder, dadores precisamente no de muerte sino de vida eterna.”

Sólo el nombre de la Diosa Madre permanece, Eva, “la madre de todo ser viviente”, nombre que Adán le concede. Sin embargo, Eva ya no fue adorada como la dadora de vida sino que fue vista como dadora de muerte y pecado.

Su falta se vio como la causante de que el ser humano hubiera sido expulsado del jardín del Edén. Su pecado es la causa de la irreversible separación del creador de su creación.

Si observamos atentamente la historia de la creación, notamos una clara contradicción entre la imagen que vemos y la historia que oímos: “y de la tierra el Señor Dios hizo crecer todo árbol que fuera agradable a la vista y diera buen fruto; el Árbol de la Vida también en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.” (Gen. 2:9) Según el Génesis el Árbol de la Vida está en el centro del jardín y el árbol del conocimiento crece más allá, en algún punto indefinido. Yahvé dio la orden: “podéis comer de cualquier árbol del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comeréis.” (Gen. 2:16,17).

Pero como Eva le dijo a la serpiente: “podemos comer del fruto de todos los árboles del jardín. Pero del fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios ha dicho: “no comeréis de él, ni tampoco lo tocarás, o morirás”.(Gen. 3:2,3) Parece evidente, pues, que éste es el árbol del conocimiento, que está en medio del jardín.

El eje o pilar central del mundo está representado por el Árbol de la Vida en un momento determinado, y por el árbol del conocimiento en otro. Descubrimos que han sido y todavía son esencialmente uno y el mismo. Si miramos las pinturas del jardín del Edén, el cual ha sido representado por numerosos artistas a lo largo de muchos siglos, vemos un solo árbol en la mayoría de los casos. El arquetipo general de un único árbol se resiste a desaparecer. E.A.S. Butterworth sugiere lo siguiente: “que Eva es de hecho la deidad que habita el Árbol de la Vida no es una sugerencia nueva… Ya nos hemos dado cuenta de la asociación de la Gran Madre con un árbol sagrado en Oriente Próximo:

Eva, la madre de todo ser viviente, ciertamente no es nada diferente a éstos. Podemos ir más allá: la serpiente y Eva conversan juntas, pero Adán y la serpiente nunca hablan entre sí. Eva es la intermediaria, y cuando Dios llama a Adán para dar cuenta, éste afirma que la mujer le tentó, no que la serpiente tentara a la mujer. Parece que la mujer y la serpiente, aunque diferenciados en el juicio de Dios sobre Adán y Eva, pueden ser con propiedad una y la misma. Si el árbol se equipara con el monte Meru, el Meru es la forma macroscópica del Merudanda, la columna vertebral. Y si la serpiente femenina Kundalini habita el Sushuma dentro del Merudanda; y si se cree que en momentos importantes la mujer mora en el interior del tronco del árbol, entonces con casi total certeza se llega a la conclusión de que la mujer y la serpiente son lo mismo.

En el jardín del Edén podemos sostener con firmeza que eran originalmente idénticas. (…) Eva y la serpiente son en esencia lo mismo que la Kundalini.” La interpretación de E.A.S. Butterworth puede servir de ayuda para entender la imagen de William Blake sobre Eva.

El arcaico mito se había basado en los elementos de los padres originales; el jardín, el árbol y la serpiente simbolizaban el ciclo eterno de la vida, la muerte y el renacimiento a la vida eterna. Ahora el significado se invierte.

Sin embargo, en el Antiguo Testamento Yahvé se asegura de que Adán y Eva no tendrán ocasión de comer del Árbol de la Vida, y los expulsa del jardín poniendo en la puerta a dos querubines con espadas llameantes para guardar el sendero al Árbol. Se ha prohibido al género humano el acceso directo al Árbol de la Vida y del Conocimiento, lo que significa el acceso a la iluminación y a la vida eterna.

Anne Baring y Jules Cashford han señalado: “todavía continúa la cuestión sobre lo que se ha conseguido invirtiendo el significado de aquellas imágenes que, evidentemente, aún podrían mover el corazón, aunque ya no podrían consolar la mente. También surge una cuestión más general sobre si las imágenes y los símbolos tienen un significado inherente propio, para que no puedan ser simplemente invertidos sin violación. Para Yeats, las imágenes son “almas vivientes”. Para Jung, también los símbolos no pueden ser ideados o no ideados, sino que son “productos espontáneos” de la Inconsciencia Colectiva.”

El gran erudito Joseph Cambpell habló sobre el sentimiento que resulta de revertir esta imagen y él lo llamó “discordia nerviosa”. Es esa ligera sensación de malestar que muchos sienten al leer la historia de la creación: “en consecuencia, hay una ambivalencia inherente en muchos de los símbolos básicos de la Biblia que no puede suprimir ningún énfasis retórico sobre la interpretación patriarcal. Dirigen un mensaje pictórico al corazón que es exactamente contrario al mensaje verbal que va al cerebro.”
Sin embargo, este nuevo mito jugó un importante papel en el desarrollo de la visión de vida judeo-cristiana e islámica, así como en las bases de muchos conceptos occidentales.

Los patrones de la relación entre el hombre y la mujer, la relación entre el hombre y Dios, y el hombre con la naturaleza se formaron aquí. El Génesis fue importante en el desarrollo de la idea de libertad humana e igualdad, que más tarde se desarrollaron en ideas de democracia y derechos humanos. Pero es también una de las razones por las que la religión occidental y la filosofía dudan o niegan al hombre la habilidad de saber la verdad absoluta.

Como hemos visto, la imagen y la palabra se contradicen mutuamente. A lo largo de los pasados dos mil años se nos ha enseñado a creer la “palabra” en lugar de la “imagen” (o la mente y no el corazón). Esta puede ser una razón por la que la gente occidental experimenta una fisura tan profunda entre corazón y mente, sentimientos y razón, cuerpo y alma; se les ha enseñado a creer un mensaje que es contradictorio en sí mismo.  “GENESIS AND THE OLD TESTAMENT,” M. S. JONES.


William Blake. Eva tentada por la serpiente (1799-1800). Victoria and Albert Museum (Londres).

En el cuadro de William Blake se observa que la luna se ha oscurecido; a la izquierda se encuentra el Árbol de la Vida y del Conocimiento; a la derecha discurren las Aguas de la Vida. La enorme serpiente enrollada en numerosas espirales detrás de Eva parece estar protegiéndola, como de forma semejante la serpiente protege a la deidad en las imágenes indias. El gesto de Eva parece ser inocente, lleno de gozo y bastante triunfante; ciertamente no encontramos en ella ningún rastro de pecado o culpa.



sábado, 2 de diciembre de 2017

Personaje del mes: Guru Nanak



(1469 – 1539 d. C.) Su nacimiento estaba profetizado en diferentes escrituras a lo largo de la historia, vio la luz en el seno de una familia de la casta de comerciantes. De carácter pacífico y místico, desde Temprana edad, se reunía con hindúes y musulmanes con el fin de adorar conjuntamente a Dios.

Dio testimonio de la gloria de Dios y de la ley de la fraternidad y el amor humanos. El amor a Dios y el amor al ser humano fueron la verdadera esencia de su mensaje.

Nacido hindú, pero inspirado por las enseñanzas del Islam, comenzó a predicar un mensaje de unidad de ambas religiones que hizo que floreciera, de esta manera, una nueva tradición religiosa llamada Sikhismo.

Guru Nanak nació en un momento crucial. Había luchas continuas, los mongoles avanzaban, los hindúes y musulmanes estaban en amarga oposición, la diferencia entre las castas crecía, la religión era un formalismo donde el espíritu del hombre estaba acallado y sofocado por ritos y rituales, credos y ceremonias. La gente estaba perdiendo la fe en sí mismos y la condición social y política del país era decadente.

Nanak vino a proclamar que la libertad verdadera y perdurable no se puede lograr sin tener fe en la solidaridad y libertad de la humanidad. Encontró el remedio para la verdadera solidaridad y la integración del ser humano en el amor a Dios, y en el amor y servicio a Dios en el hombre.

A los 16 años contrajo matrimonio con la hija de un piadoso mercader con la que tuvo varios hijos. En 1499 comenzó numerosos viajes para extender el mensaje de Dios en la forma de himnos musicales. Eligió este medio porque lo consideraba fácilmente comprensible para la gente de la época.

Guru Nanak utilizó el concepto de maya (“ilusión”). El mundo se nos manifiesta como si fuera real, pero la auténtica realidad es sólo la de Dios. El mundo material es una ilusión que impide a muchos seres humanos, abandonados a los placeres materiales, ver la realidad auténtica y única de Dios. La fe sikh conserva la creencia hindú en la reencarnación, pero considera que el ser humano puede liberarse del ciclo de reencarnaciones mediante la virtud, que le permite alcanzar la morada del amor de Dios.

Este cuerpo es en verdad el templo de Dios en el cual residimos y Dios también mora en él. El Universo entero es la morada de Dios. Todo esto se puede experimentar a nivel del Espíritu. Mientras no percibamos esta unidad con el ser humano a nivel físico, mental y espiritual, por el mismo Poder o Naam (el Verbo) que está dentro de nosotros, no podrá haber verdadera integración y solidaridad de la humanidad.

Experiencia directa de la divinidad

Nanak puso mucho énfasis en la experiencia directa de la divinidad que se halla dentro de nosotros; la simple lectura de las escrituras sagradas y la observancia de ritos y rituales de culto, no pueden tomar el lugar de la Realidad.

Éstos son pasos elementales pero no suficientes. Nanak era un santo poeta del secreto abierto, un predicador del Espíritu y del Poder de Dios que vivifica a la humanidad.

Fue de un lugar a otro entonando el sagrado “Nombre” y predicando el amor a Dios. Visitó lugares hindúes de peregrinación, santuarios musulmanes y otros lugares sagrados amándolos por igual. En la Meca enseñó la doctrina de la unidad y pronunciaba el nombre de “Alá” con la misma reverencia con que pronunciaba “Hari” ya que consideraba que todos invocan al mismo Dios con diferentes nombres. Enseñó a la gente que en el Verbo Sagrado está oculto un gran poder curativo que sana todos los males de la vida.

Dios es Amor, y el camino de regreso a Dios también es por medio del amor. Él fue amor personificado e inspiró amor a todos, escribió: _Dondequiera que dirijo mis ojos, ahí estás Tú. Separado de Ti, enloquezco y muero”.

Para alcanzar a Dios enseñó que uno debe recorrer el sendero de amor. Ama a Dios, y si amas a otros: tus hijos, amigos o parientes, ámalos por amor a Él. Desarrolla por Él un anhelo y ansia intensa y se te revelará.

Nanak fue un profeta de la “vida interna” y apremiaba a que lo interno debería expresarse, no en credos, dogmas, ritos ni rituales, sino en servicio humilde en el amor a Dios.

Disciplina espiritual

Para la meditación, Nanak prescribió un curso regular de disciplina espiritual:

• Lo primero es la devoción al Naam. Las cualidades que se requieren de un devoto del sendero espiritual son: La pureza en pensamiento, palabra y acción es el primer requisito para el inicio en una vida más elevada. Cristo también dijo: “Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios”. La pureza es verdaderamente la llave que abre la puerta de la meditación que conduce a la mansión del Señor.

• En segundo lugar, uno debe desarrollar paciencia y perseverancia para tolerar con alegría cualquier cosa buena o mala que pueda sobrevenir como una reacción de nuestras acciones.

• En tercer lugar, uno debe tener el control sobre sus pensamientos, desechando todos los deseos con el fin de consolidar el equilibrio de la mente.

• En cuarto lugar, una constante práctica diaria de la presencia de Dios Viviente mediante la comunión con el Verbo, con una fe plena en el Poder Maestro.

• En quinto lugar, debe uno vivir en sagrada veneración de su presencia que estimula a realizar esfuerzos infatigables para lograr la unión final con Él, y por encima de todo, debe uno amar a Dios con una intensidad tal, que llegue a desechar toda la escoria que hay en nosotros, dejándonos libres para proseguir sin obstáculos hacia su reino.

En los últimos años de su vida se estableció en Kartarpur como agricultor. Era un verdadero campesino que después de “formar al hombre” y “servir al hombre”, se dedicó a servir a la tierra lo que le parecía mucho mejor que trabajar sólo como predicador. Dio ejemplo con su trabajo para alimentar al pobre y al necesitado. Instituyó el “Langar”, sistema de alimentación gratuita a la comunidad, “el pan es del Señor y el Bienaventurado esta en la gente”.

Avanzado en años, Nanak se desplazaba a pie todos los días trabajando en las granjas, entonando himnos del Naam y respirando la bendición del amor. El Guru era una imagen de humildad y sus seguidores, en un espíritu de entrega, trabajaban con humildad en una mezcla de trabajo voluntario y adoración a Dios, amor y labores, silencio y canto, sin pompa ni ostentación, en la quietud de la naturaleza. Desde allí se esparció por todo el Punjab el fuego del amor a Dios y al hombre. El rostro de Guru Nanak brillaba con la sencillez y serenidad que nacían de la santidad que había en Él.

Preceptos diarios

Sobre la forma de vivir con éxito la vida decía como preceptos diarios:

• Kirat Karo: Gana el sustento con medios honestos y justos. Sin desear ni anhelar, y menos tomar, lo que pertenece a otros. Sin usurpar tampoco los derechos de los demás ya que quienes se enriquecen con ganancias mal habidas nunca pueden tener un corazón puro. No hace falta la renunciación ostentosa como medio para la Realización; ésta es posible para todos por igual. Lo que cuenta es tu pureza de corazón a través de tus acciones virtuosas, no  los distintivos religiosos que uno pueda llevar. “Solamente los hechos se pesan en las balanzas divinas y son los que determinan el lugar de cada uno en relación a Dios”.

• Naam Japo: Es necesario entonar el Nombre pero siempre desde la pureza del corazón y la lengua. Sin esto todas nuestras oraciones, por muy largas que fueran y muy fuerte la voz, nunca darían fruto. Cuando todos los esfuerzos fallan, la oración triunfa. Siéntate en silencio todos los días y ora a Dios para acercarte cada día más a Él.

• Vand Chhako: Comparte el fruto de tu labor como expresión de tu amor y tu compasión para con la humanidad. Nanak hacía énfasis en el desarrollo de la vida de Espíritu para todos los hombres y mujeres verdaderos. Tales personas no sólo viven para sí mismas, sino para los demás. “No te inclines ante quien pretenda ser un hombre-Dios y viva de la caridad de otros. El que se gana el sustento con el sudor de su frente y lo comparte con todos, puede conocer el camino que lleva a Dios.” Su definición de un hombre verdaderamente grande era la de alguien que ha renunciado a todos sus deseos y no se preocupa por el fruto de sus acciones.

Al buscador le ordenaba que cultivara la pureza de corazón por encima de cualquier otra cosa. El Gurú dice, “La verdad es valiosa, pero todavía más valioso es el vivir honestamente”.

Momento de su partida

Cuando llegó su momento de partir le fue indiferente la ceremonia que hicieran para disponer de su cuerpo. Los hindúes querían hacer una cremación y los musulmanes enterrarle. Sólo pidió bendiciones y flores: “Poned flores a cada lado de mi cuerpo, los hindúes a mi derecha y los musulmanes a mi izquierda. Aquéllos cuyas flores se conserven frescas mañana aplicarán sus deseos”. Entonces les pidió que rezaran y le cubrieran con una sábana. El 22 de septiembre de 1539 en las primeras horas de la mañana, Guru Nanak se fundió con la Luz Eterna del Creador.

Cuando sus seguidores levantaron la sábana no encontraron nada más que flores que estaban todas frescas. Los hindúes tomaron las suyas e hicieron una cremación con ellas.

Él veneró a todas las religiones, respetó a los santos de todos los tiempos y lugares. No enseñó ningún credo nuevo; predicó el amor, la fe y las acciones nobles. Para Él toda la gente era Dios. En los hindúes y en los musulmanes contempló la visión de Dios en el hombre. A todos los países y a toda la gente les cantó la melodía del Naam o el Sagrado Verbo.

Discutió el verdadero significado del ascetismo. Para Él no estaba en el tipo de ropa, ni en la cabeza rapada, ni en soplar una concha, ni en las palabras, ni en los baños en los sitios de peregrinaje sino en permanecer puro en medio de las impurezas.

Defendía que el carácter noble es una prueba más real para la grandeza humana que el nacimiento noble. Nanak fue el profeta de la paz y buena voluntad, de la armonía y la unidad. Dio luz a todos y su trabajo de amoroso servicio a la humanidad, como manifestación del Inmanifestado, lo continuaron en forma vigorosa sus sucesores.

Guru Arjan Dev Ji Maharaj, el quinto en la línea de sucesión de Nanak, recopiló los dichos de los Maestros en el sagrado Granth, la Biblia de los Sikhs, incluyendo asimismo en él los dichos de varios santos de otras  religiones.

Así, en el sagrado libro colocó los cimientos de espiritualidad y sabiduría que nos ha llegado a través de los siglos y es considerado el Eterno Guru para siempre.


El Amor no busca recompensa. Es una recompensa en sí mismo.

lunes, 13 de noviembre de 2017

El simbolismo de la Diosa (1)

Desde el nacimiento de la civilización, la Gran Diosa o Madre Primordial ha sido adorada en todos los continentes. Se encontraron vestigios de primeras culturas dentro de una vasta región que iba desde España, Italia, Grecia y los Balcanes hasta el Próximo Oriente y Egipto. Y estas primeras civilizaciones se centraron en la adoración a la Diosa desde el Paleolítico (40.000 aC) y el Neolítico (10.000-3.500 aC). A partir de la Edad de Bronce (3.500-1.250 aC) aparece situada al lado del Dios masculino, el cual en algunos lugares es Su hijo y en otros, el compañero divino de la Diosa.

La Diosa Madre de la Edad del Paleolítico y el Neolítico era una representación del Universo. Se consideraba que el Universo era orgánico, vivo y sagrado. La Tierra, la humanidad y todos los seres vivientes sobre Ella eran vistos como Sus niños. Como la Gran Madre, Ella vivía sobre la totalidad de la creación como Diosa y fuente de vida, muerte y nacimiento.

Figuras de la Gran Diosa fueron modeladas en barro o talladas sobre piedra y, desde una muy reciente etapa, se asociaron con ciertos atributos y símbolos, uno de los cuales es la luna. La imagen de la luna creciente y menguante, y el misterio que la rodeaba se relacionó con el ciclo femenino de la menstruación, así como con el ciclo de las cuatro estaciones. También se consideró a la Diosa como la Madre de la vida, la muerte y el renacimiento.

Muchos mitos ancestrales describen la muerte de Su hijo o hija como un viaje a través del infierno y un consecuente renacimiento, al igual que la luna desaparece durante tres días para entonces aparecer de nuevo misteriosamente.

En consecuencia, la luna siempre ha sido uno de los atributos de la Diosa. Incluso muchos miles de años después todavía se la relaciona con el principio femenino del Divino. Durante muchos siglos a la Madre María se la representó de pie o sentada sobre una luna creciente, (y mostramos como uno de los muchos ejemplos el bonito grabado de Alberto Durero).


Muchas imágenes y mitos asociaron la Diosa con el jardín, el árbol de la vida y las aguas de la vida. La correspondencia entre los símbolos del árbol de la vida, la serpiente y la Diosa se pueden encontrar en mitologías, así como en imágenes de muchos lugares tan distantes entre sí como Siberia, Libia, India, Oriente Próximo, Egipto, Creta, Grecia y Sumeria. La Diosa tenía su morada en el jardín; era representada con el árbol y la serpiente mucho antes que la historia del Génesis y el Antiguo Testamento fuera escrita. Como estas representaciones están tan extendidas, uno puede considerarlas como un arquetipo profundamente arraigado en la subconsciencia colectiva.

Anne Baring y Jules Cashford dan una bella explicación del significado de estas imágenes en su poderoso y rompedor estudio “El Mito de la Diosa”. “El árbol de la vida fue una de las primeras imágenes de la misma Diosa, en cuya atrayente presencia todas las parejas de contrarios se reconcilian. Creciendo sobre la superficie de la tierra, con sus raíces hacia abajo y sus ramas hacia arriba, el árbol era el gran pilar que unía la tierra con el cielo y con el infierno, a través del cual las energías del cosmos se derramaban continuamente sobre la creación terrenal. El espíritu de vida que se movía en su interior era la serpiente, también guardiana de la fruta o tesoro del árbol, que era la epifanía de la Diosa, la experiencia de unidad”.

El jardín extiende una imagen de totalidad. El jardín, en contraposición a la naturaleza salvaje e indomada, representa estructura y orden; en el jardín, las fuerzas caóticas de la naturaleza están controladas. El jardín del Edén representa el mundo en su perfección que se extiende en seis direcciones: adelante y atrás, a la derecha y a la izquierda, así como arriba y abajo. El árbol en medio del jardín representa el eje vertical y el centro de la creación, los ejes del mundo. Los cuatro ríos representan los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste. El eje central, aquí con la forma de un árbol, y en otros mitos marcado por una montaña o un palo, representa la tercera dimensión en el espacio y conecta los tres mundos: Cielo, Tierra e Infierno. Conecta el microcosmos y el macrocosmos, representa el ascenso al Divino y, como tal, representa la columna vertebral y el centro dentro de cada ser humano (como representa la siguiente ilustración).



El árbol, en ocasiones conocido como Árbol de la Vida, en otras como Árbol del Conocimiento, toma su energía de una fuente misteriosa, las aguas de la vida, algunas veces representadas como una fuente o un río, y otras se muestra como surgiendo de una vasija. La Diosa está íntimamente relacionada con el Árbol, y de nuevo los mitos paganos sobrevivieron parcialmente, incluso en la Cristiandad: “Algunas leyendas del Este de Europa sitúan a la Virgen María al pie de un árbol, desde donde guía los destinos, y da de beber a las almas del pozo de la vida que hay debajo del árbol”.

Se pueden encontrar representaciones similares del Árbol de la Vida en mitologías de culturas tan diversas como la germánica, la celta, la amerindia, la china y la india. Esta descripción proveniente de la región de los Himalayas sirve como ejemplo de los mitos que rodean al árbol: “En términos geográficos, el mundo creado es visto como un loto de cuatro pétalos (chaturdvipa): en su centro se levanta la vasija de semillas y a su alrededor, como pétalos, se encuentran los cuatro continentes. Como describe el Vishnu Purana: en la cima de Meru se alza la gigantesca ciudad de Brahma. Aquí el río Ganges cae y se divide en cuatro ríos inmensos (...) Entre los nómadas asiáticos, el cielo se veía como una tienda, como la sábana que se extendía y cubría una superficie de la tierra. Se erigía una vara central para sostener la tienda, y se hacían ofrendas a aquello que trepaba sobre sus listones o a aquello que ascendía en forma de humo, cuando una ofrenda se quemaba. Esta ascensión hacia lo sagrado, representado por la vara, el palo, el árbol y la montaña, fue expresada de distinta manera en las sociedades cazadoras y agrícolas (el árbol creando una metáfora ideal). (…) El árbol enraizado en la Madre Tierra crece muy alto, extendiendo sus ramas, floreciendo, exhalando fragancia, dando frutos y proliferando. Muestra de su vigor era la exuberancia de las plantas en la región tropical. La vida surgía de nuevo del fruto cuando éste caía sobre la tierra, lo cual se añadió a la ancestral sabiduría del hombre sobre la vida apartándose de la muerte”.



De este modo, en India la montaña y el árbol simbolizan el camino para la ascensión a través de los tres mundos. A escala macroscópica representa el Árbol del Mundo; a nivel microscópico representa la columna vertebral del cuerpo humano, como ha sugerido E.A.S. Butterworth. La serpiente enroscada sobre el árbol es la Kundalini, el poder de la Diosa (Devi), la cual asciende a través del Yoga. El Yoga es la técnica de trascender la “maya” o ilusión y las leyes de la causalidad para obtener la liberación y la unión con el Divino.

En las escrituras mitológicas ancestrales, el jardín y el árbol dan lugar a una imagen de armonía y equilibrio de energía y poder. Representa tanto un equilibrio ecológico como espiritual. La Diosa fue adorada como la creadora y benefactora de la naturaleza. Al mismo tiempo Ella era vista como la naturaleza misma, siendo la Tierra Su cuerpo, y cada parte de Su cuerpo fue considerado sagrado. También fue honrada como la dadora de sabiduría, liberación y vida eterna.