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sábado, 7 de enero de 2017

Los cuatro acuerdos

La búsqueda  de la Verdad  se ha reflejado a lo largo de los tiempos a través de diversas culturas milenarias en el mundo. Un ejemplo proveniente de las Américas, es el de los toltecas. Hace miles de años, este pueblo era visto como de “mujeres y hombres de conocimiento”. Una parte esencial en la vida de los toltecas era la de preservar y profundizar en los conocimientos espirituales de sus antepasados. Fue en Teotihuacán, donde maestros toltecas, llamados naguales, enseñaban a sus estudiantes esta ancestral tarea.

A través del tiempo, debido a la conquista europea aunada con el creciente peligro de un uso desequilibrado de los mencionados conocimientos y para el beneficio personal de ciertos aprendices, los naguales se vieron forzados a proteger y esconder sus conocimientos ancestrales. Pero, a pesar de ello, la profundidad de su sabiduría fue cautelosamente pasada de generación en generación por distintos linajes de naguales.

El Dr. Miguel Ruiz, descendiente nagual por parte de su abuelo, es un ejemplo de esto. En la actualidad,  con su libro  “Los Cuatro Acuerdos”,  expresa y comparte la visión universal de la vida y la profundidad espiritual que el pueblo tolteca dejó como legado para el ser humano. “El conocimiento tolteca surge de la misma unidad esencial de la verdad de la que parten todas las tradiciones esotéricas sagradas del mundo. Aunque no es una religión, respeta a todos los maestros espirituales que han enseñado en la tierra, y si bien abarca el espíritu, resulta más preciso describirlo como una manera de vivir que se distingue por su fácil acceso a la felicidad y el amor” (Miguel Ruiz, Los Cuatro Acuerdos, Ediciones Urano, Barcelona, página 16).

Los cuatro acuerdos

1. Sé impecable con tus palabras 

Este acuerdo se refiere a que, con las palabras, podemos expresar  belleza y amor, pero si las utilizamos erróneamente, podemos crear todo lo contrario, lastimando a otros y a nosotros mismos. Por tanto, es indispensable que seamos cuidadosos y equilibrados en el uso del lenguaje, nuestra intención al pronunciar cualquier palabra, debe estar siempre guiada por el amor, el amor puro.

2. No te tomes nada personalmente 

Aquí Miguel Ruiz explica que tomarse las cosas personalmente puede ser una expresión de egoísmo, pues indica que tal vez sintamos que todo gira a nuestro alrededor.  También comenta que es importante que no nos afecte lo que los demás puedan opinar de nosotros, ya sea algo positivo o negativo, y para lograr esto es importante conocer interiormente quienes somos realmente. Así podremos mantener el equilibrio pase lo que pase a nuestro alrededor.

3. No hagas suposiciones

Aquí se explica que hacer suposiciones (sobre algo o alguien) puede traer conflictos ya que no se basa en la realidad. Lo que nos puede ayudar a dejar de hacer suposiciones es tratar de tener una comunicación clara con los demás. Si tenemos duda de algo, en vez de suponer, hay que preguntar y aclarar las cosas, teniendo muy en cuenta también el primer acuerdo, la impecabilidad de las palabras. Es decir, utilizando nuestras palabras con amor. Así se puede lograr una comunicación equilibrada.

4. Haz siempre lo máximo que puedas

Este acuerdo se refiere a intentar realizar los tres acuerdos anteriores, haciéndolo lo mejor que podamos, siendo lo más constantes que se pueda, pero sin sentirnos mal o culpables si es que no se realiza alguno de éstos en su totalidad. Cada día es una nueva oportunidad de crecer y de seguir intentándolo, lo importante es tener la conciencia de esto, hacer lo mejor que podamos y no darse por vencido.

Espejo Humeante Hace tres mil años había un ser humano, igual que tú y que yo, que vivía cerca de una ciudad rodeada de montañas. Este ser humano estudiaba para convertirse en un chamán, para aprender el conocimiento de sus ancestros, pero no estaba totalmente de acuerdo con todo lo que aprendía. En su corazón sentía que debía de haber algo más.

Un día, mientras dormía en una cueva, soñó que veía su propio cuerpo durmiendo. Salió de la cueva a una noche de luna llena. El cielo estaba despejado y vio una infinidad de estrellas. Entonces, algo sucedió en su interior que transformó su vida para siempre. Se miró las manos, sintió su cuerpo y oyó su propia voz que decía: “Estoy hecho de luz; estoy hecho de estrellas”. 

Miró al cielo de nuevo y se dio cuenta de que no son las estrellas las que crean la luz, sino que es la luz la que crea las estrellas. “Todo está hecho de luz-dijo-, y el espacio de en medio no está vacío.” Y supo que todo lo que existe es un ser viviente, y que la luz es la mensajera de la vida, porque está viva y contiene toda la información. 

Entonces se dio cuenta de que, aunque estaba hecho de estrellas, él no era esas estrellas. “Estoy en medio de las estrellas”, pensó. Así que llamó a las estrellas el tonal y a la luz que había entre las estrellas el nagual, y supo que lo que creaba la armonía y el espacio entre ambos es la Vida o Intento. Sin Vida, el tonal y el nagual no existirían. La Vida es la fuerza de lo absoluto, lo supremo, la Creadora de todas las cosas. 

Esto es lo que descubrió: Todo lo que existe es una manifestación del ser viviente al que llamamos Dios. Todas las cosas son Dios. Y llegó a la conclusión de que la percepción humana es solo luz que percibe luz. También se dio cuenta de que la materia es un espejo, todo es un espejo que refleja luz y crea imágenes de esa luz, y el mundo de la ilusión, el Sueño, es tan solo como un humo que nos impide ver lo que realmente somos. “Lo que realmente somos es puro amor, pura luz”, dijo. 

Este descubrimiento cambió su vida. Una vez supo lo que en verdad era, miró a su alrededor y vio a otros seres humanos y al resto de la naturaleza, y le asombró lo que vio. Se vio a sí mismo en todas las cosas: en cada ser humano, en cada animal, en cada árbol, en el agua, en la lluvia, en las nubes, en la tierra…Y vio que la Vida mezclaba el tonal y el nagual de distintas maneras para crear millones de manifestaciones de Vida.

En esos instantes lo comprendió todo. Se sentía entusiasmado y su corazón rebosaba paz. Estaba impaciente por revelar a su gente lo que había descubierto. Pero no había palabras para explicarlo. Intentó describirlo a los demás, pero no le entendían. Vieron que había cambiado, que algo muy bello irradiaba de sus ojos y de su voz. Comprobaron que ya no emitía juicios sobre nada ni nadie. Ya no se parecía a nadie. 

Él les comprendía muy bien a todos, pero a él nadie le comprendía. Creyeron que era una encarnación de Dios; al oírlo, él sonrió y dijo: “Es cierto. Soy Dios. Pero vosotros también lo sois. Todos somos iguales. Somos imágenes de luz. Somos Dios.” Pero la gente seguía sin entenderlo. 

Había descubierto que era un espejo para los demás, un espejo en el que podía verse a sí mismo. “Cada uno es un espejo”, dijo. Se veía en todos, pero nadie se veía a si mismo en él. Y comprendió que todos soñaban pero sin tener conciencia de ello, sin saber lo que realmente eran. No podían verse a ellos mismos en él porque había un muro de niebla o humo entre los espejos. Y ese muro de niebla estaba construido por la interpretación de las imágenes de luz: el Sueño de los seres humanos. 

Entonces supo que pronto olvidaría todo lo que había aprendido. Quería acordarse de todas las visiones que había tenido, así que decidió llamarse a sí mismo Espejo Humeante para recordar siempre que la materia es un espejo y que el humo que hay en medio es lo que nos impide saber qué somos. Y dijo: “Soy Espejo Humeante porque me veo en todos vosotros, pero no nos reconocemos mutuamente por el humo que hay entre nosotros. Ese humo es el Sueño, y el espejo eres tú, el soñador”.

(Miguel Ruiz, Los Cuatro Acuerdos, Ed. Urano, Barcelona, págs. 17-20)

lunes, 2 de enero de 2017

Personeje del mes: Abraham Lincoln

Abraham Lincoln nació en el seno de una familia de colonos cuáqueros. Durante su infancia y su juventud, marcadas por la pobreza de su familia, recorrió el Missisippi y vivió de cerca las condiciones infrahumanas que padecían los esclavos negros. Tenía veintitrés años cuando dejó la granja donde trabajaba para combatir como soldado raso en la guerra contra los indios. Mientras tanto, emprendió su formación autodidacta y hacia 1836 logró licenciarse en derecho.
Dos años antes, su actitud contraria a la esclavitud lo había conducido a intervenir en política, lo que le valió su elección como diputado de Illinois para el período 1834-1842. Merced a su defensa de mejores condiciones de vida para los negros y a sus dotes oratorias, logró una gran popularidad en todo el estado. En 1846 Lincoln alcanzó la jefatura del Partido Whig, y como diputado del Congreso federal apoyó a los abolicionistas de Washington.
Ese mismo año estalló la guerra contra México (1846-1848); la arrolladora victoria norteamericana supuso la anexión definitiva de Texas y la incorporación a los Estados Unidos de la Alta California, Nuevo México, el norte de Sonora, Coahuila y Tamaulipas, mientras los mexicanos perdían la mitad de su territorio nacional. Lincoln se había opuesto decididamente a la guerra desde el principio; el desenlace favorable de la misma le hizo perder muchos votos, y fracasó en las elecciones senatoriales de 1849.
Decepcionado, se retiró de la política y durante seis años trabajó como procurador. Hacia el final de este retiro, Lincoln seguía siendo un abogado y político provinciano, ciertamente prestigioso en su estado, pero casi desconocido fuera de Illinois. Nada hacia presagiar que, otros siete años después, sería elegido presidente de los Estados Unidos, y mucho menos que su elección fuera el detonante de la secesión de los estados esclavistas del sur y del inicio de una guerra fraticida, pues su ideario abolicionista era realista y moderado. Abraham Lincoln consideraba la esclavitud como un mal social y estaba firmemente convencido de que era necesario impedir su difusión por los estados norteamericanos. Sin embargo, no pretendía imponer la abolición inmediata a los territorios meridionales; era partidario de una acción progresiva y pacífica en favor de la desaparición de la esclavitud.
Las raíces de una guerra
Durante la primera mitad del siglo XIX se habían ido configurando en los vastos territorios de los Estados Unidos dos tipos de economías divergentes. Los estados del norte se habían industrializado comenzando por las industrias textiles y manufactureras, que llegaron a alcanzar un prestigio considerable. Sus intereses pasaban por el mantenimiento de una política aduanera proteccionista para defenderse de la industria europea, más antigua y mejor equipada, que generaba unos productos de calidad superior.
En los estados sureños gobernaba una clase aristocrática de terratenientes que utilizaba como mano de obra a los esclavos negros en sus inmensas plantaciones. Los intereses del sur eran exactamente los contrarios: defendían el librecambismo. Su economía se basaba casi exclusivamente en el cultivo y comercio del algodón, que la esclavitud permitía producir a bajo coste. Como todo sistema de monocultivo, dependía estrechamente de las condiciones del mercado; la salida de la mayor parte de su producción estaba en el exterior, básicamente en la industria algodonera británica.
Los fundadores de la nueva nación habían confiado en que la esclavitud, herencia del período colonial, desaparecería con el paso del tiempo y el progreso de los espíritus. Sin embargo, a causa del desarrollo de las inmensas plantaciones de algodón y de la necesidad de mano de obra, siguió creciendo y extendiéndose. Era además imprescindible para la economía de la sociedad sureña tradicional y para el estilo de vida de aquel mundo elegante, culto y refinado, hoy universalmente conocido por aquel bucólico retrato trazado en los primeros compases de la película Lo que el viento se llevó (1939).
En 1820, por el compromiso de Misuri, se había dividido el país (por la línea del paralelo 36) en estados esclavistas y estados abolicionistas. Pero la adquisición de nuevos territorios, junto a la huida de esclavos hacia el norte, fue debilitando el equilibrio. Treinta años después, en 1850, la incorporación de California como estado no esclavista fue considerada como la anulación del compromiso de Misuri (por hallarse situada, en gran parte, al sur del paralelo 36), suponiendo además el fin de la paridad entre estados esclavistas y abolicionistas en el Senado federal. El posterior ingreso en la federación de Minnesota y Oregón empeoró la situación de los sureños.
A mediados de siglo, coincidiendo con el retiro temporal de Lincoln, la opinión pública de los estados del norte comenzó a mostrar una creciente inquietud por la pervivencia de una situación que violaba claramente los principios de la Constitución. La publicación de La cabaña del tío Tom (1852), la célebre novela de Harriet Beecher Stowe, elevó el debate a cuestión nacional. La repugnancia moral que las gentes del norte sentían por la esclavitud se había extremado, mientras que los sureños temían que los estados del norte, cada vez más poderosos en Washington, acabasen imponiendo la abolición. Para los aristócratas sureños, el fin de la esclavitud significaría el fin de su monopolio mundial sobre el algodón y de su modo de vida. Claramente incómodos, los estados del sur meditaban la conveniencia de separarse de la federación, convencidos de la posibilidad de subsistir independientemente gracias a sus prósperas plantaciones.
Hacia la presidencia
Abraham Lincoln regresó a la vida pública en 1854, cuando la cuestión de la esclavitud pasó de nuevo del plano social al político a raíz de la aprobación de la Ley Kansas-Nebraska, la cual permitía implantar la esclavitud en los estados del noroeste. Como ya se indicado, Lincoln no apoyaba la abolición de la esclavitud en los estados en los que ya existía, sobre todo en los del sur; cada territorio debía legislar al respecto conforme a la conciencia de sus ciudadanos. Sin embargo, se opuso fervientemente a que se instaurase la esclavitud en aquellos otros en los que no estaba autorizada. Particularmente célebre por la vehemencia de su verbo y la solidez de sus argumentaciones fue el discurso antiesclavista que pronunció en la ciudad de Peoria (Illinois) en 1854.
En 1856 se constituyó en los estados norteños un nuevo partido claramente abolicionista, el Partido Republicano, que se consideraba heredero de la tradición política del presidente Thomas Jefferson. Comprometido con la causa contra la esclavitud, Lincoln se afilió al Partido Republicano el mismo año de su fundación. Derrotado de nuevo en las elecciones al Senado de 1858, la intensidad de la campaña antiesclavista y los duelos dialécticos que mantuvo con el candidato demócrata Stephen A. Douglas, elegido en la ocasión, le devolvieron la popularidad perdida; los debates revelaron sus extraordinarias dotes de orador, la profundidad de su pensamiento y de su preparación, la madurez de su juicio y una gran fe en su misión.

El 27 de febrero de 1860 un nutrido auditorio de Nueva York se rindió ante uno de sus más memorables discursos (reproducido al día siguiente en todos los periódicos), al que siguieron otros once no menos aclamados en distintas ciudades. La moderación de sus posiciones fue decisiva para que el 17 de mayo de 1860 la convención republicana de Chicago lo eligiera candidato a la presidencia en detrimento de William H. Seward, representante de los abolicionistas más radicales.
La creación del Partido Republicano sirvió no sólo para causar alarma e irritación en el sur, sino también para dividir al Partido Demócrata precisamente sobre la cuestión de la esclavitud. Así, a las elecciones de 1860 concurrieron cuatro partidos: los dos demócratas del norte y del sur, el Partido Whig y el Partido Republicano, cuyo candidato era Abraham Lincoln. El 6 de noviembre de 1860, favorecido por las divisiones internas de los demócratas, Lincoln ganó las elecciones a la presidencia. Los republicanos obtuvieron la victoria en todos los estados del norte, mientras que los otros tres partidos se repartieron los del sur.
La guerra de Secesión
El Partido Republicano era inequívocamente abolicionista y Lincoln, a pesar de su talante moderado, se había manifestado como uno de los más firmes antiesclavistas; su elección no podía sino desencadenar la reacción de los estados sureños. Antes de que Lincoln asumiera oficialmente la presidencia, el estado de Carolina del Sur tomó la iniciativa de salir de la Unión. Siguiendo los pasos de Carolina, muy pronto por otros diez estados se declararon independientes. Consumada sin dificultad la secesión, los estados escindidos se organizaron en una nueva unidad política: la Confederación o Estados Confederados de América, con capital en Richmond (Virginia) y Jefferson Davis como presidente. Los sudistas esperaban que Washington no reaccionase, y, además, confiaban en la presunta superioridad militar de sus elites aristocráticas y caballerescas para disuadir al gobierno de cualquier plan de agresión.
La secesión no significó la guerra inmediata. Lincoln denegó a los secesionistas el derecho a abandonar la Unión y se resistió a reconocer la realidad de la separación, pero se guardó mucho de hacer uso de la fuerza; intentó evitar un conflicto armado y restaurar la unidad formando un gobierno de coalición con los sudistas. Fueron los estados del sur los que iniciaron las hostilidades al atacar el 12 de abril de 1861 Fort Sumter, un enclave federal que defendía la entrada del puerto de Charleston.
La guerra de Secesión duró cuatro años (1861-1865) y en ella acabaría poniéndose de manifiesto la superioridad de los veintitrés estados del norte en cuanto a población y recursos bélicos, aunque los estados del sur organizaron prontamente su defensa y la riqueza de sus clases dirigentes les permitió adquirir armamento en Europa. Al comienzo de la guerra, el ejército sudista compensó la inferioridad de fuerzas con su capacidad de iniciativa, su habilidad maniobrera y la preparación de sus soldados. Lincoln promulgó en 1862 la Homestead Act, para la colonización del Oeste, y propuso una abolición progresiva de la esclavitud, con el íntimo propósito de promover un acercamiento a la Confederación sudista que acelerara el fin de la contienda. Tras comprobar una vez más la intransigencia del otro bando, el 1 de enero de 1863 decretó la emancipación de los esclavos en todo el territorio de la Unión.
El ejército del norte fue imponiendo progresivamente su superioridad, y a partir de sus victorias en Vicksburg y Gettysburg en julio de 1863, el curso de la guerra se inclinó a su favor. A ello contribuyó también considerablemente la habilidad táctica de los generales Ulysses S. Grant y William T. Sherman, y los efectos del bloqueo naval, que causó graves perjuicios económicos a la Confederación y la privó de suministros de todo tipo. Con su ejército dividido y debilitado por las deserciones, el general sudista Robert E. Lee se rindió a Ulysses Grant en Appomattox, el 9 de abril de 1865.
Considerado el primer gran conflicto bélico moderno, caracterizado por la extrema crueldad con la población civil, el uso masivo de medios de combate modernos y la destrucción sistemática por parte de los yanquis de las plantaciones sudistas, la guerra de Secesión arrojó un macabro balance de entre seiscientas mil y un millón de víctimas entre civiles y militares. La abolición de la esclavitud desfondó la economía agrícola de los arrasados estados sureños, en los que, a pesar de que se sancionó legalmente la libertad de los negros y su derecho de voto, no podría ya borrarse la discriminación y la segregación racial. Por otra parte, la victoria del norte industrializado y antiesclavista supuso el triunfo del capitalismo industrial y el principio de un impresionante despegue económico: la fisonomía del país se transformó rápidamente, configurando los Estados Unidos que hoy conocemos.

Tomado de... http://www.biografiasyvidas.com/

domingo, 4 de diciembre de 2016

Personaje del mes: Gibran Khalil

Gibran nació en Bcherri el 6 de diciembre de 1883. La ciudad típicamente libanesa que se levanta sobre una pequeña meseta, junto a uno de los acantilados de Wadi-Quadisha (Valle sagrado).

Los años de la infancia de Gibran son los mismos en que surge una nueva clase dirigente de influencia francesa, proyectada hacia Europa, mediadora comercial e intelectualmente entre el sector sometido a la opresión turca y las nuevas corrientes de opinión que soplan hacia el Mediterráneo, desde Londres, Viena o París.

Gibran, nieto de un sacerdote maronita e hijo de un propietario de ganado, es un símbolo vivo de ese cruce de culturas que es su país de origen. Con sólo trece años viaja con su madre y sus hermanos a Boston, atraído por las oportunidades que parece ofrecer el Nuevo Mundo, mientras su padre permanece en el Líbano manteniendo su pobre propiedad. El adolescente Gibran entra en una escuela privada donde se educan americanos de adopción procedentes de diversas naciones.

Más tarde, por consejo de su hermanastro, regresa a Beirut donde se matricula en la Escuela Maronita, para estudiar árabe y francés. Durante las vacaciones redescubre con su padre: las montañas, los bosquecillos umbríos, las venerables ruinas que dejara la antigüedad y los parajes pedregosos de su tierra natal. En el abandonado monasterio de Mar-Sarkis, su espíritu ya cultivado despierta a una intensa sensibilidad sazonada de sabiduría popular que, tras siglos de cultura, se halla impregnada de un naturalismo soberbio y triunfante.

Regreso a América 

Nuestro autor sueña, empero, con volver a América, etapa imprescindible para conseguir fama y dinero, y poder regresar definitivamente al Líbano.

Mas a su retorno a América, la desgracia, revestida de enfermedad incurable, se cierne sobre su madre y sus hermanos. Con su hermana superviviente, Mariana, trata de abrirse camino, sintiéndose responsable del sacrificio de su familia para que él triunfara en el difícil mundo del arte. A la sombra de los rascacielos americanos -indignos sustitutos de los milenarios cedros de su patria-, empieza a escribir para los periódicos árabes de Nueva York. Simultanea la pluma con los pinceles, y en ambas artes su exquisita sensibilidad pugna por superar una técnica todavía no dominada. En los albores de su producción pictórica, expone su obras en un estudio de Boston, pero un voraz incendio arrasa su colección, negándose al artista la gloria y el beneficio. Años después, Gibran se alegraría del accidente que puso fin a su etapa todavía inmadura, permitiéndole mejorar una obra pictórica que hoy se halla diseminada por todo Oriente Medio, Europa y América.

Producción artística

Breves libros, poemas y artículos en árabe marcan el inicio de su carrera literaria. Fue en esta época cuando conoció a Mary Haskell, mujer de extraordinaria sensibilidad, que supo intuir el genio de Gibran animándole a que estudiara en el extranjero y a que escribiera en inglés, tras dominar mejor este idioma, para llegar a un público más numeroso. De 1908 a 1910 estudia arte en París, luego regresa a Boston y finalmente se instala en Nueva York. Treinta y cinco años tiene cuando resume sus pensamientos y su filosofía en La procesión, escrita en forma de versos árabes. Dos años después, da a conocer su obra más madura: El Profeta, convertido en bestseller internacional durante cuarenta años. Cuando en él habla Sobre los niños podemos ver su cercanía a las palabras de Shri Mataji:

“... Y él dijo: Vuestros hijos no son vuestros hijos, ellos son los hijos y las hijas del deseo de vida en si misma; y aunque estén con vosotros sin embargo no os pertenecen. Podéis darles vuestro amor pero no vuestros pensamientos, porque ellos tienen los suyos propios. Podéis alojar su cuerpo, pero no sus almas, porque sus almas vivirán en las casas del mañana, que vosotros no podéis visitar, ni incluso en vuestros sueños. Podréis luchar por ser como ellos, pero no busquéis hacerles como vosotros. Porque la vida no retorna hacia atrás ni se queda anclada en el ayer.”

Las opiniones de los críticos son contradictorias. Mientras unos consideran sus pensamientos: “nocivos, revolucionarios y peligrosos para las mentes juveniles”, otros juzgan que en ellos: “coexisten resonancias de Jesucristo y de los Evangelios”.

Gran fuerza de voluntad 

Gibran, que nunca había sido fuerte ni física ni psíquicamente, se halló siempre expuesto con facilidad al dolor desde su más temprana niñez. Su grandeza se debe, pues, al esfuerzo sobrehumano de su voluntad, empeñada en una actividad casi compulsiva, por depurar técnicas, combinar estilos, dominar idiomas y servir de vehículo de emociones universales entre pueblos de distintas culturas. Durante los cinco años que siguieron a la publicación de El Profeta, Gibran alcanza el pináculo de su fama y de su productividad. Su obra es conocida tanto en el mundo árabe como en los sectores más cultos de habla inglesa. El loco había sido precisamente su primer libro en esta lengua. Gibran ponía en boca de un demente una serie de lúcidos discursos que recuerdan los del Zaratustra nietzscheano. La procesión, su obra principal de poesía arábiga, es un diálogo entre un sabio y un joven, en el que uno expresa su irritación ante la vida, el mal y la represión, acusando al hombre de ser una simple marioneta manejada por la ambición (es el aspecto crítico y negativo del poema), y el otro alaba la vida sencilla del campesino, en la que no existen dolores ni castigos ni opresiones.

La tempestad, aparecida en 1920, es una obra en la que se ensalza a los fuertes y se ofrecen técnicas para endurecer la voluntad de los débiles, El precursor, editada el mismo año, es el libro que Gibran dedicó a exponer su antidogmatismo, ridiculizando a los que se creen en posesión de una única verdad. Tres años más tarde nuestro autor da a conocer la obra en la que había estado trabajando durante largo tiempo: El profeta. El amor, el matrimonio, la ambición de poder y de dinero son los temas fundamentales que Gibran desarrolla en este libro, traducido a más de veinte idiomas. Su obra editada a título póstumo es El jardín del profeta (1933), y en ella describe nuestro autor la relación íntima entre el hombre y la naturaleza.

Fin de sus días 

Hacia el fin de su vida, Gibran escribió Jesús, el hijo del Hombre, interpretación muy personal de la figura de Cristo, presentado como el hombre que vivió plenamente la vida con todo lo que ella contiene de dolores y alegrías. Pese a que el autor niega en ella la divinidad de Cristo, Arnold Bennett señaló que los árabes deberían sentirse orgullosos de que Gibran hiciera recordar la Torah, los salmos y las enseñanzas de Jesús al pueblo materialista de los Estados Unidos.

Aquejado de una terrible enfermedad, Gibran se esfuerza en donar a la humanidad lo mejor de sí mismo en literatura y en pintura.

El 9 de abril de 1931, un amigo le encuentra sumido en el dolor y pálido por la enfermedad, pese a que continúa sonriendo con valentía. Se niega a que le lleven a un hospital; quiere vivir sus últimos días entre sus dibujos y los esbozos de sus obras. Al día siguiente, muere en el hospital neoyorquino de San Vivente. Sólo tiene cuarenta y ocho años de edad. Sus restos, después de ser contemplados por sus seguidores en Boston, son transportados vía marítima a Beirut y sepultados en la iglesia carmelita de Mar Sarkis en Becharré. Hoy su tumba es un lugar de peregrinación.




sábado, 12 de noviembre de 2016

Oraciones del arameo

La siguiente versión es una transliteración y traducción original de la versión Peshitta (Siríaco-aramea). De esta oración se “derivó” la versión actual del “Padre Nuestro”, la oración ecuménica de ISSA (Yeshua, Jesús). Está escrita en arameo, en una piedra blanca de mármol, en Jerusalén / Palestina, en el Monte de los Olivos, en la forma que era invocada por Yeshua. El arameo fue un idioma originario de la Alta Mesopotamia (siglo VI AC), y era la lengua usada por los pueblos de la región. Yeshua siempre hablaba al pueblo en arameo.

¡Oh, Dador de vida! Padre-Madre del Cosmos. Concentra tu Luz en nuestro interior, hazlo provechoso. Crea ahora el Reino de Tu Unidad. Que tu único deseo actúe entonces con el nuestro, como en toda la luz, así en todas las formas. Concédenos lo que necesitemos cada día en cuanto a pan y visión interior. Afloja las cuerdas de errores que nos atan, como nosotros soltamos las hebras que sujetamos de las culpas de otros. No dejes que lo superficial nos engañe. Mas líbranos de lo que nos impide avanzar. De Ti nace toda voluntad que gobierna, el poder y la vida para hacer, la canción que todo lo embellece, desde siempre se renueva. Que el Poder Verdadero de estas declaraciones sea la base sobre la que crezcan mis acciones. Amén.

Las bienaventuranzas (Mateo 5:3-12)

Las bienaventuranzas traducidas del arameo: Conectados con la Fuente son aquellos que viven respirando Unidad; su “yo puedo” está incluido en el de Dios. Benditos los que se encuentren en torbellino emocional; serán unidos en su interior en el Amor. Sanos aquellos que han suavizado lo que está rígido por dentro; recibirán vigor físico y fuerza del Universo. Benditos los que tienen hambre y sed de justicia física; estarán rodeados por lo que se necesita para sostener sus cuerpos. Benditos aquellos que, desde sus entrañas, dan nacimiento a la misericordia; sentirán como los calurosos brazos de ésta les rodean. Alineados con El Uno están aquellos cuyas vidas irradian desde un núcleo de Amor; ellos verán a Dios por todas partes. Benditos aquellos que plantan paz en cada estación; a ellos se les denominará los hijos de Dios. Bendiciones a aquellos que son desplazados por causa de la justicia; su nueva casa es la provincia del Universo. Renovación cuando se os reprocha y se os aparta por el clamor del mal en todas partes, por Mí causa… Después, haced todo lo extremo, incluso el dejar que vuestro ego desaparezca, pues éste es el secreto de pedir vuestra casa expandida en el Universo. Pues así avergonzaron a los que estuvieron antes de vosotros. Todos quienes estén embelesados, diciendo cosas inspiradas, que sacan al exterior lo que el Espíritu les dio en su interior.

La versión aramea de Mateo 22:35-39 Jesús dijo: Desde lo más profundo de vosotros, que el amor nazca para los rayos de Aquel que brilla alrededor de vosotros. Que esto venga de todo vuestro corazón y centro de vuestra vida: vuestra pasión, valentía y audacia; que toque vuestro Ser subconsciente, esa Alma instintiva dentro que esparce y reúne. Desde este Ser, liberad toda vuestra energía animal y fuerza vital para inundar toda vuestra codiciosa mente con amor. Este es el mandamiento [raba] más importante, el primer movimiento creador que da poder a todos los demás. El segundo es: Respirad compasión para aquel que fue traído misteriosamente a vivir a vuestro lado: amad a ese amigo como amáis al Ser que mora en vuestro interior, el subconsciente que a veces se siente separado e intruso.La versión aramea de Lucas 6:27, 35 Jesús dijo: Desde un lugar escondido, uníos con vuestros enemigos desde el interior, llenad el vacío interior que les hace hincharse hacia fuera y salirse del ritmo: en vez de progresar, paso a paso, ellos se paran y empiezan de forma dura, separadamente de vosotros. Volved al ritmo interior. Encontrad el movimiento que se empareje con el de ellos, como dos amantes creando vida de polvo. Haced este trabajo en secreto, sin que ellos se enteren. Este tipo de amor crea, no degrada.

EXTRAIDO DE: “ORACIONES DEL COSMOSMEDITACIONES EN LAS PALABRAS EN ARAMEO DE JESÚS”, TRADUCIDO Y COMENTADO POR NEIL DOUGLAS-KLOTZ (HARPER COLLINS, SAN FRANCISCO 1990).

IMAGEN: “CRISTO COMO REDENTOR DEL HOMBRE” DE WILLIAM BLAKE”

martes, 18 de octubre de 2016

Personaje del mes: Wayne W. Dyer

Fue un autor y conferenciante conocido internacionalmente en el campo del desarrollo personal. Autor de más de 20 libros, también difundio su trabajo en audios, CDs y vídeos.

Después de una experiencia de transformación interior, junto a  la tumba de su padre, quien le había abandonado en la infancia, sintió una fuerza que le empujaba a abandonar su puesto fijo como profesor de universidad para dedicarse a comunicar al mundo las ideas de su libro  “Tus Zonas erróneas”. Esta obra, que llegó más tarde a ser traducida a 26 idiomas

En el contenido de su trabajo se observa claramente una evolución con el paso del tiempo. Sus primeras obras eran guías para realizar un trabajo psicológico de autoayuda, y poco a poco se fue dirigiendo a un ámbito más espiritual.  Ayuda a sus lectores a emprender un camino de evolución paralelo al suyo. Su filosofía es que cuando una persona  empieza a controlar sus pensamientos, a ser consciente de  sus sentimientos, a aceptarse tal como es, a vivir el momento presente, etc., se encuentra con lo espiritual en su vida. ¿Podría ser de otra manera? Empiezan a producirse lo que llamamos coincidencias, comienzan a surgir ideas de la nada que te dirigen por el camino más apropiado, en definitiva, empiezas a percibir atisbos de lo divino.

“Tus Zonas erróneas” se publica en 1976. En el año 2004, Wayne Dyer publica “El Poder de la Intención”. Describe la Intención como una fuerza en el universo que lleva a cabo el proceso de la Creación. En el tercer capítulo de este libro habla de Shri Mataji Nirmala Devi y de Sahaja Yoga.

Otros libros de Wayne W. Dyer: • Los regalos de Eykis. • La Fuerza de Creer. • Tus zonas mágicas. • El Cielo es el límite. • Tu Yo Sagrado. • Construye tu destino. • La fuerza del Espíritu.