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martes, 2 de octubre de 2018

Personaje del mes: Einstein


Albert Einstein nació en la ciudad bávara de Ulm el 14 de marzo de 1879. Fue el hijo primogénito de Hermann Einstein y de Pauline Koch, judíos ambos, cuyas familias procedían de Suabia. Al siguiente año se trasladaron a Munich, en donde el padre se estableció, junto con su hermano Jakob, como comerciante en las novedades electrotécnicas de la época.

El pequeño Albert fue un niño quieto y ensimismado, y tuvo un desarrollo intelectual lento. El propio Einstein atribuyó a esa lentitud el hecho de haber sido la única persona que elaborase una teoría como la de la relatividad: «un adulto normal no se inquieta por los problemas que plantean el espacio y el tiempo, pues considera que todo lo que hay que saber al respecto lo conoce ya desde su primera infancia. Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo tan lento que no he empezado a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que he sido mayor».

En 1894, las dificultades económicas hicieron que la familia (aumentada desde 1881 con el nacimiento de una hija, Maya) se trasladara a Milán; Einstein permaneció en Munich para terminar sus estudios secundarios, reuniéndose con sus padres al año siguiente. En el otoño de 1896 inició sus estudios superiores en la Eidgenossische Technische Hochschule de Zúrich, en donde fue alumno del matemático Hermann Minkowski, quien posteriormente generalizó el formalismo cuatridimensional introducido por las teorías de su antiguo alumno.



LA RELATIVIDAD

Durante 1905, publicó cinco trabajos en los Annalen der Physik: el primero de ellos le valió el grado de doctor por la Universidad de Zúrich, y los cuatro restantes acabarían por imponer un cambio radical en la imagen que la ciencia ofrece del universo. De estos cuatro, el primero proporcionaba una explicación teórica en términos estadísticos del movimiento browniano (así llamado en honor a su descubridor, Robert Brown), y el segundo daba una interpretación del efecto fotoeléctrico basada en la hipótesis de que la luz está integrada por cuantos individuales, más tarde denominados fotones. Los dos trabajos restantes sentaban las bases de la teoría restringida de la relatividad, estableciendo la equivalencia entre la energía E de una cierta cantidad de materia y su masa m en términos de la famosa ecuación E = mc², donde c es la velocidad de la luz, que se supone constante.
El esfuerzo de Einstein lo situó inmediatamente entre los más eminentes de los físicos europeos, pero el reconocimiento público del verdadero alcance de sus teorías tardó en llegar; el Premio Nobel de Física, que recibió en 1921, le fue concedido exclusivamente «por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su interpretación del efecto fotoeléctrico». En 1909 inició su carrera de docente universitario en Zúrich, pasando luego a Praga y regresando de nuevo a Zúrich en 1912 para ser profesor del Politécnico, en donde había realizado sus estudios.
En 1914 pasó a Berlín como miembro de la Academia de Ciencias prusiana. El estallido de la Primera Guerra Mundial le forzó a separarse de su familia (por entonces de vacaciones en Suiza), que ya no volvió a reunirse con él. Contra el sentir generalizado de la comunidad académica berlinesa, Einstein se manifestó por entonces abiertamente antibelicista, influido en sus actitudes por las doctrinas pacifistas de Romain Rolland.

En el plano científico, su actividad se centró, entre 1914 y 1916, en el perfeccionamiento de la teoría general de la relatividad, basada en el postulado de que la gravedad no es una fuerza sino un campo creado por la presencia de una masa en el continuum espacio-tiempo. La confirmación de sus previsiones llegó en 1919, al fotografiarse el eclipse solar del 29 de mayo; The Times lo presentó como el nuevo Newton y su fama internacional creció, forzándole a multiplicar sus conferencias de divulgación por todo el mundo y popularizando su imagen de viajero de la tercera clase de ferrocarril, con un estuche de violín bajo el brazo.

HACIA UNA TEORÍA UNIFICADORA

Durante la siguiente década, Einstein concentró sus esfuerzos en hallar una relación matemática entre el electromagnetismo y la atracción gravitatoria, empeñado en avanzar hacia el que, para él, debía ser el objetivo último de la física: descubrir las leyes comunes que, supuestamente, habían de regir el comportamiento de todos los objetos del universo, desde las partículas subatómicas hasta los cuerpos estelares, y agruparlas en una única teoría "de campo unificado". Tal investigación, que ocupó el resto de su vida, resultó infructuosa y acabó por acarrearle el extrañamiento respecto del resto de la comunidad científica. A partir de 1933, con el acceso de Hitler al poder, su soledad se vio agravada por la necesidad de renunciar a la ciudadanía alemana y trasladarse a Estados Unidos; Einstein pasó los últimos veinticinco años de su vida en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton (Nueva Jersey), ciudad en la que murió el 18 de abril de 1955.

Einstein dijo una vez que la política poseía un valor pasajero, mientras que una ecuación valía para toda la eternidad. En los últimos años de su vida, la amargura por no hallar la fórmula que revelase el secreto de la unidad del mundo hubo de acentuarse por la necesidad que sintió de intervenir dramáticamente en la esfera de lo político. En 1939, a instancias de los físicos Leo Szilard y Eugene Paul Wigner, y convencido de la posibilidad de que los alemanes estuvieran en condiciones de fabricar una bomba atómica, se dirigió al presidente Roosevelt instándole a emprender un programa de investigación sobre la energía atómica.

Después de que las explosiones de Hiroshima y Nagasaki pusieran fin a la Segunda Guerra Mundial, Einstein se unió a los científicos que buscaban la manera de impedir el uso futuro de la bomba y propuso la formación de un gobierno mundial a partir del embrión constituido por las Naciones Unidas. Pero sus propuestas en pro de que la humanidad evitara las amenazas de destrucción individual y colectiva, formuladas en nombre de una singular amalgama de ciencia, religión y socialismo, recibieron de los políticos un rechazo comparable a las críticas respetuosas que suscitaron entre los científicos sus sucesivas versiones de la idea de un campo unificado.

Albert Einstein sigue siendo una figura mítica de nuestro tiempo; más, incluso, de lo que llegó a serlo en vida, si se tiene en cuenta que aquella fotografía suya en que exhibe un insólito gesto de burla (sacando la lengua en una cómica e irreverente expresión) se ha visto elevada a la dignidad de icono doméstico después de ser convertida en un póster tan habitual como los de los ídolos de la canción y los astros de Hollywood. Sin embargo, no son su genio científico ni su talla humana los que mejor lo explican como mito, sino, quizás, el cúmulo de paradojas que encierra su propia biografía, acentuadas con la perspectiva histórica. Al Einstein campeón del pacifismo se le recuerda aún como al «padre de la bomba»; y todavía es corriente que se atribuya la demostración del principio de que «todo es relativo» precisamente a él, que luchó encarnizadamente contra la posibilidad de que conocer la realidad significara jugar con ella a la gallina ciega.

Tomado de www.biografiasyvidas.com

lunes, 3 de septiembre de 2018

Seminario Internacional: “Una Nueva Era, Sacrificio, Libertad, Ascenso”.

Extracto sobre la vida de Gandhi
...En este país(India) tuvimos la lucha por la libertad. Yo formé parte de ello. Mis padres también participaron. Éramos gente rica, yo diría que bastante rica, de todos los niveles. Os sorprenderá saber que mi padre quemó todos sus trajes, que habían sido confeccionados en Inglaterra. Mi madre quemó todos sus saris. Solían tejer sus propias ropas y eso es lo que vestían. Mi padre sacrificó todo, hasta el último penique, en la lucha por la libertad. No dejó nada para nosotros, ni un solo… Aunque por supuesto debo decir que, siendo nuestra familia rica, teníamos plata y oro y todo esto. Pero todo el dinero en metálico fue gastado. Y toda la plata y el oro nos lo quitaron los ingleses y nos lo devolvieron cuando se marcharon. Gracias a eso nos quedó algo de plata y oro en la familia.
Todas nuestras posesiones materiales fueron robadas. Vivíamos en casas muy bonitas y tuvimos que mudarnos a chozas. Nos sacrificamos al máximo. Y nos sentíamos muy felices con ello, muy orgullosos. Solo teníamos dos mudas; lavábamos nuestras ropas, vivíamos como gente muy pobre durmiendo sobre esterillas como estas. Recuerdo que nunca usé almohada. Durante décadas no usé sandalias. Solo tuve un jersey de buena calidad y hasta que pasé a la universidad de medicina, siempre tuve ese jersey conmigo. Solo tuve un abrigo durante toda mi educación. Cuando fui a Lahore -que es un lugar muy frío, a veces puede ser igual que Londres- estaba gastado y roto. Pero nunca nos quejamos ni nos enfadamos, nunca dije: “Nuestro padre debería haber cuidado mejor de nosotros. ¿Por qué ha sacrificado todo por la nación?” ¡Nunca, nunca, nunca! E incluso hoy día, cuando nos ven en cualquier parte, todos saben que somos los hijos de un gran hombre. Tienen un tremendo respeto por nosotros.
Esta cualidad fue creada por Mahatma Gandhi. Él cambió a todo el mundo a una nueva personalidad capaz de tremendos sacrificios. No podéis imaginaros cómo vivía la gente. Todo el dinero que teníamos, todo lo que teníamos, todas las comodidades, los medios de transporte, las casas, todo fue entregado. No solo por mi padre, sino por muchos otros también. De otro modo no podríamos haber conseguido la liberación. Para conseguir nuestra liberación este país sacrificó mucho.
Y después de aquello, nosotros estamos aquí para conseguir nuestra liberación, para conseguir la liberación de nuestro Espíritu. Para liberar a nuestro Espíritu de la avaricia, de la lujuria, de nuestro mal humor, de nuestros condicionamientos, de nuestro terrible ego y de la esclavitud del cuerpo a las comodidades. Debo decir que Gandhiji tenía un encanto especial. No sé cómo pudo conseguirlo. Era como el toque de Midas, a todo aquel que tocaba lo transformaba. Y era un hombre muy estricto, aunque muy amable conmigo y con los niños. Pero era extremadamente estricto, no toleraba ninguna tontería en absoluto.
Si estudiáis a través de la historia el modo en que esta gente se educó, no solo para la liberación o para la independencia, sino con anterioridad a eso, también para la vida espiritual, en todas partes hay un punto en común que es el sacrificio. Y la conciencia de que se está haciendo algo importante, de que se es parte de la totalidad, de algo muy grande, de un gran trabajo, de una causa muy noble. Y también había otro punto en común entre todos ellos y es que, esta noble causa, la realización de esta causa noble les hacía sacrificarse de un modo muy sahaja. A veces, incluso más que los sahaja yoguis, que han conseguido tanto en Sahaja Yoga. Han conseguido su gozo y su Espíritu. Y yo lo he visto con mis propios ojos. Gente en este país a los que podríais llamar legendarios, pero yo los he visto. Miles de personas fueron asesinadas y masacradas. Muchos niños murieron. Nadie lloró, nadie derramó lágrimas. El mero hecho de sentir que uno pertenece a una causa tan noble os da el gozo y el sentimiento de implicación.
Además vi en Mahatma Gandhi y en otras personas, en su comportamiento, que no permitían entrar a cualquiera. A cualquier persona que hiciera incluso una pequeña falta, ya fuese el hijo de un rey o la hija de cualquiera. Con cualquier pequeña cosa que estropearan, eran expulsados. Yo estuve en el ashram de Gandhi, de modo que sé cómo es. Por eso sé cómo vivir una vida rigurosa. Es un entrenamiento. Todos los niños de más de doce años tenían que limpiar el ashram todas las mañanas, que creo que medía alrededor de cincuenta acres. Tenían que limpiar sus letrinas y las letrinas de los invitados. Yo misma las limpiaba. Y solo se les permitían dos prendas de vestir. Y no se podía guardar nada, ni siquiera se podía ver ni un papel ni una pizca de basura por ninguna parte. Todo estaba muy limpio, pulcro. Y las chozas en las que vivían estaban muy limpias y organizadas. Estaban hechas con boñigas de vaca. Todas ellas. Todo el mundo tenía que bañarse a las cuatro de la mañana con agua fría; ya fuese Jawaharlal Nehru o Abul Kalm Azad, mi padre, cualquier persona de cualquier edad o los niños. Y a las cinco de la mañana Mahatma Gandhi daba su charla.
SHRI MATAJI, 1985

sábado, 1 de septiembre de 2018

Personaje del mes: Gandhi




Mohandas Karamchand Gandhi nació el 2 de octubre de 1869 en Porbandar, India. Gandhi ayudó a la liberación del pueblo indio del gobierno colonial inglés a través de la resistencia pacífica y es honrado por su gente como el Padre del la Nación India.

Los indios le llamaron Mahatma”, que significa Alma Grande. A la edad de 13 años se casó con Kasturba, una niña de su misma edad. El matrimonio fue arreglado por sus padres.

Los Gandhi tuvieron cuatro hijos. Gandhi estudió leyes en Londres y volvió a India en 1891 para ejercer su profesión. En 1893 aceptó un contrato de un año para trabajar como abogado en Sudáfrica que, en esta época, estaba también bajo la dominación británica.

Desarrollo de la no-violencia

Cuando intentó reclamar sus derechos como ciudadano inglés fue avasallado y pronto vio que todos los indios sufrían idéntico tratamiento. Gandhi se quedó en Sudáfrica 21 años luchando por los derechos del pueblo indio.

Desarrolló un método de acción social directa basado en los principios de la valentía, la no-violencia y la
verdad llamados Satyagraha. Satyagraha promovía la no-violencia y la desobediencia civil como los métodos más apropiados para alcanzar objetivos políticos y sociales.

Es lo opuesto al “ojo por ojo” que, a la larga, “deja ciego a todo el mundo.” “La no-violencia no es una vestimenta que uno se pone y quita a su voluntad. Su sede se encuentra en el corazón y debe ser una parte inseparable de nuestro Ser.

En cuanto animal, el hombre es violento, pero en cuanto Espíritu, es no-violento. Apenas empieza a despertar a las exigencias de ese Espíritu, que habita en él, le resulta imposible continuar siendo violento.”

Sobre la desobediencia civil dijo:”La desobediencia tiene que ser sincera, respetuosa, mesurada y carente de cualquier recelo”.


En 1915 Gandhi retornó a India. En 15 años se convirtió en el líder del movimiento nacionalista indio.
Utilizando los postulados de la Satyagraha dirigió la campaña por la independencia de India (de la dominación inglesa).”Estoy dispuesto a sacrificar todo por mi país, excepto dos cosas y solamente estas dos: la Verdad y la No-violencia.

El ayuno como método para lograr la paz

Gandhi fue arrestado muchas veces por los británicos debido a sus actividades en Sudáfrica y la India. Creía que era honorable ir a la cárcel por una causa justa. En conjunto pasó siete años en prisión debido a sus actividades políticas. Más de una vez, Gandhi recurrió al ayuno para impresionar a la gente sobre la necesidad de ser No-violento.

India alcanzó la independencia en 1947 y se dividió en dos países: India y Pakistán; esta división fue la causa del comienzo de los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes.

Gandhi había abogado por una India unida donde hindúes y musulmanes pudieran vivir en paz. El 13 de enero de 1948, a la edad de 78 años, comenzó un ayuno con el propósito de detener el derramamiento de sangre.

Tras 5 días, los líderes de ambas facciones se comprometieron a detener la lucha y Gandhi abandonó el ayuno. Doce días más tarde fue asesinado por un fanático hindú que se oponía a su programa de tolerancia hacia todos los credos y religiones.

”Creo en el mensaje de Verdad que nos traen los fundadores de todas las religiones del mundo... creo en la unidad absoluta de Dios y, por consiguiente, también en la de la humanidad. No importa que tengamos muchos cuerpos. Sólo tenemos un alma.”
El ejemplo de Gandhi inspiró al reverendo Martin Luther King durante los años 60, en EE.UU., para la resistencia pasiva por los derechos civiles de los ciudadanos negros. También fue asesinado.

El desarrollo espiritual en el hombre

Gandhi se definió a sí mismo como un hombre religioso, un hombre de oración. Para él, el silencio era una necesidad física y espiritual: Abstenerse del alimento es necesario para mantener saludable el cuerpo, sin embargo no es posible abstenerse de la oración.”

El desarrollo espiritual de una persona pasa por buscar la Verdad: “Verdad en los pensamientos, Verdad en la palabra y Verdad en cada acción”. “Proclamo ser un apasionado buscador de la Verdad, que no es más que otro nombre para Dios. En el transcurso de esa búsqueda vino hacia mí el descubrimiento de la No-violencia. Su expansión es mi misión en la vida.”

Gandhi era consciente de que incluso el trabajo de una persona por su evolución espiritual es importante para toda la humanidad: “Si solo un hombre avanza un paso en la existencia espiritual, toda la humanidad se beneficia de ello”.

Siempre intentó que su vida reflejara sus principios espirituales: “La propagación de la Verdad y la No violencia pueden realizarse mejor viviendo realmente tales principios que divulgándolos a través de libros”.

Visión transformadora

Mantuvo una visión transformadora de la realidad individual y social. Para él no había diferencia entre religión y política: ”Quienes afirman que la religión no tiene nada que ver con la política, no conocen el significado de la religión”.

No podía concebir las desigualdades: “Debiéramos avergonzarnos de descansar o de disponer de una comida completa mientras haya un hombre o una mujer, físicamente apto, sin trabajo o sin alimento”.

Para hacer factible la convivencia, proclamó: “La regla de oro para la convivencia es la tolerancia mutua, ya que nunca pensaremos todos de la misma manera y siempre veremos la verdad fragmentariamente y desde distintas perspectivas”.

Creía que la verdadera democracia sólo podía ser el resultado de la No-violencia. Para Gandhi el modo de comportarse de la gente vale más que lo que consiguen.

Sobre las mujeres dijo: “Hombre y mujer son fundamentalmente uno. Ambos viven la misma vida y tienen idénticos sentimientos. En ambos el Espíritu es el mismo.”

Humildad y disciplina

Posiblemente la característica más destacable de su carácter fue su voluntad indomable; para él, la disciplina y las restricciones auto-impuestas, es lo que diferencia a los seres humanos de los animales.
Nunca quiso que se estableciera una secta o grupo de seguidores suyos: “No existe el gandhismo”.
Fue una persona muy humilde: “Lo que hago puede ser realizado por todos porque no soy sino un mortal común, sujeto a las mismas tentaciones y propenso a las mismas debilidades”.

Estas últimas palabras resumen la personalidad de Gandhi:
No quiero renacer. Si ello debiera suceder, me gustaría encontrarme entre los agobiados intocables hindúes para compartir sus preocupaciones, sus sufrimientos y las afrentas que les asestan. De ese modo, tal vez se me ofreciese la ocasión de liberarlos y liberarme de esa miserable condición”.


viernes, 3 de agosto de 2018

Personaje del mes: Rumi

Nuestro personaje del mes es Yalal ad-Din Muhammad Rumí, un poeta musulmán que se destaco por sus obras relacionadas con el amor. Dedico parte de su vida a ayudar a los pobres y difundir la practica de la meditación. En 1258 reunió en seis volúmenes su obra más importante, "Masnavi", considerada por muchos sufíes como en segundo lugar en importancia tras el Corán, donde entreteje fábulas, escenas de la vida cotidiana, revelaciones Coránicas y exégesis y temas metafísicos.

Los poemas de Rumi se pueden oír hoy en las iglesias, sinagogas, monasterios de Zen, así como en los escenarios del arte y de la música en Nueva York. Según el profesor Majid M. Naini, la vida y la transformación de Rumi proporcionan el testimonio y la prueba verdadera de que las gentes de todas las religiones y procedencias puede vivir juntas en paz y armonía. Las visiones, las palabras, y la vida de Rumi enseñan cómo alcanzar la paz y felicidad interna, para poder, finalmente, parar la corriente continua de la hostilidad y el odio y alcanzar la paz y armonía globales verdaderas.


Fuente: Wikipedia






domingo, 1 de julio de 2018

Personaje del mes: C.S. LEWIS




Clive Staples Lewis nació el 29 de noviembre de 1898 en los suburbios de Belfast (Irlanda del Norte). Sus padres, Albert y Flora, eran ávidos lectores y coleccionistas de libros. Clive o “Jack”, como comenzó a llamarse a sí mismo, manifestó también desde temprana edad una extraordinaria facilidad para escribir y, cerca de los seis años, creó un mundo imaginario sobre el que escribir historias.

Experiencia de la alegría

Otra cosa notable en su infancia es que ya entonces daba muestras de la claridad y racionalidad que tanto le caracterizarían. Sin embargo, existía al mismo tiempo otro aspecto de su vida que contrastaba con esa mentalidad racional. Desde los seis años -aproximadamente- tuvo reiteradas experiencias de algo que no podía nombrar pero que más tarde describiría en su autobiografía -Cautivado por la alegría (1955)- como la “experiencia central” de su vida. Se trataba de una experiencia agridulce, de un “anhelo inconsolable” o de un “deseo insatisfecho” que le resultaba “más deseable que ninguna otra satisfacción”. A veces se presentaba con una intensidad tal que apenas se diferenciaba de la congoja. Hasta que pudo comprenderlo mejor creyó que esta “alegría”, como él la llamaba, constituía un fin en sí misma. “Volver a sentirla” se convirtió para él en un deseo supremo. ¿Pero qué era lo que anhelaba? Siempre que volvía a los poemas, al paisaje o a cualquier otra cosa que hubiese actuado como mediación de aquella alegría, ésta se había desplazado y parecía estar llamándolo desde algún otro sitio. No había nada en que pudiese identificarla y decir: ¡Es esto!

La infancia -que había sido tan feliz- terminó abruptamente con la muerte de su madre en 1908, cuando él tenía apenas nueve años. Al cumplir los dieciséis su educador particular (y antiguo director de su padre) W.T. Kirkpatrick, afirmó de él que “era el traductor de teatro griego más brillante que jamás había conocido”. Leyendo a los autores paganos Jack se percató de que los eruditos consideraban a las mitologías antiguas como un puro error.

Consecuentemente, él consideró también al cristianismo como otra “mitología” -tan falsa como las demás- y se hizo ateo. Entre tanto, había llegado a la conclusión de que la alegría no era un fin en sí mismo sino un indicador de otra cosa. ¿Pero qué otra cosa? ¿Hacia dónde apuntaba la alegría? Así cometía una equivocación tras otra al tratar de identificar el objeto de su anhelo.

Conversión al cristianismo

En 1925 fue nombrado Tutor y Profesor de Lengua y Literatura inglesa en el Magdalen College, en Oxford, donde enseñaría hasta 1954. J.R.R. Tolkien -autor, más tarde, de “El Señor de los Anillos”- fue uno de sus amigos en la universidad. Tolkien era católico y ayudó a Lewis a comprender que mientras las “historias paganas no eran más que la expresión de Dios a través de la mente de los poetas”, el mito cristiano era algo que “ocurrió realmente”; “una verdad convertida en hecho”. 

Ambos dedicarían mucha atención al tema del mito, pero la consecuencia más importante de esta amistad fue la conversión de Lewis al cristianismo en 1931. En su autobiografía, Lewis se describe a sí mismo como el “converso más reacio de Inglaterra”, “con tantos deseos de formar parte de la iglesia como del zoológico”. Aceptó la fe por la clara y simple razón de creer en su verdad. Y con esta creencia en Dios se disipó por fin el viejo misterio de la alegría. Lewis comprendió que la alegría había apuntado siempre hacia Dios. Durante un tiempo pensó que la alegría podía ser un sustituto del sexo. Ahora lo veía al revés: Es el sexo lo que, frecuentemente, sustituye a la alegría.

Hasta aquel momento Lewis había sido un hombre con dotes literarias, pero sin nada que decir. Con su conversión todo lo que le había frenado desapareció y los libros llovieron de su pluma. Con todo, es su faceta de apologista cristiano la que le proporcionó mayor fama.

La Trilogía de Ransom

Su habilidad para expresar las verdades del cristianismo con naturalidad le hace único como apologista, tanto en las obras de ficción como en las estrictamente apologéticas. Un ejemplo temprano de ello es la primera de las tres novelas de su Trilogía de Ransom: “Más allá del Planeta Silencioso” (1938). En ella se narra un viaje a Malacandra (Marte); a través de esta aventura Lewis construye un mito sobre las acciones de Dios en aquel planeta. La acusada originalidad de sus relatos reside en sus “suposiciones” teológicas: ¿Y si en Marte hubiera habitantes que hubiesen caído? ¿Qué ocurriría si Cristo se encarnara en un león en una tierra de animales parlantes? En el primero de estos -“libros teológicos de aventuras”- Edwin Ransom, un filólogo cristiano, es secuestrado y conducido a Malacandra en una nave espacial por un científico, el Dr. Weston. Éste cree equivocadamente que sus habitantes practican sacrificios humanos. Ransom aprende pronto el “antiguo solar”, lenguaje que se hablaba antes del Pecado Original y descubre que, a diferencia del nuestro, este planeta nunca pecó ni necesitó la Encarnación. Maleldil -para nosotros Dios- rige el planeta mediante un arcángel. Lewis logra describirnos el ambiente como si se tratara de un lugar real, pero su mayor logro es imaginar una raza de criaturas racionales sin mácula, sin avaricia y sin saber qué significa desear algo por encima de lo que Dios está deseando y ofreciendo a cada uno.

El segundo libro de la trilogía se titula “Perelandra” (1943). Ransom realiza otro nuevo viaje espacial a Perelandra, que conocemos como Venus. Perelandra se halla aún en su infancia y sus “Adán” y “Eva” -Tor y Tinidril- son todavía perfectos. El Dr. Weston, el científico que había llevado a Ransom a Malacandra, aparece aquí de nuevo. Pronto se comprende que Weston (portavoz del infierno) tiene la intención de provocar que la perelandresa “Eva” desobedezca a Maleldil y experimente así una caída similar a nuestra Eva. Ransom se da cuenta de que su misión allí es ayudara a Tinidril a resistir.
A este libro le sigue una tercera novela de aventuras -“Esa horrible fortaleza” (1945)- ambientada en la Tierra. Los relatos pueden resultar por sí mismos entretenidos como relatos de aventuras de primera línea, más la ventaja adicional es que en estas fantasías la teología se halla de tal forma imbricada que muchos lectores terminan sumergiéndose en Dios sin saberlo.

Cartas del diablo a su sobrino

Otra forma ingeniosa en que Lewis logró superar muchos prejuicios contra la espiritualidad fue su agudo libro “Cartas del diablo a su sobrino” (1942). En ella un viejo demonio, Screwtape, instruye a otro más joven, Wormwood, sobre el modo de tentar a un muchacho en la Tierra. Para Screwtape Dios es “el Enemigo”, mientras que Satán, por lo mismo, es “nuestro Padre allá abajo”. Esta inversión de las cosas supuso para Lewis un trabajo “monótono e irritante”. No obstante, para el lector es a la vez divertido e instructivo ver sus debilidades desde un ángulo tan desacostumbrado. Es un libro con un agudo sentido del humor y un profundo conocimiento sutil sobre los vericuetos mentales. 

Cristianismo Esencial

Más adelante escribiría “Cristianismo Esencial”, una de sus obras más conocidas., en la que expresa un punto de vista interesante respecto a los deseos:

“El cristiano dice: Las criaturas no habrían nacido con deseos, a menos que la satisfacción para estos deseos existiese. Un bebé tiene hambre porque existe la comida. Un patito quiere nadar; pues bien, existe una cosa que es el agua. De la misma manera que los hombres sienten deseo sexual porque existe el sexo. Si yo descubro en mí un deseo que ninguna experiencia de este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que yo no pertenezca a este mundo. Si ninguno de mis placeres terrenales lo satisface, no significa que el universo sea un fraude. Probablemente los placeres terrenales no hayan tenido nunca la función de satisfacerlo, sino sólo de despertarlo, de sugerir su verdadero fin. Si esto es así, debo cuidar, por una parte, de no ser ingrato ni despreciar nunca estas bendiciones terrenales y, por la otra, de no confundirlas jamás con aquella otra cosa de la cual éstas son sólo una copia, un eco o un espejismo. Debo mantener vivo en mí mismo el deseo por mí verdadero país, que no encontraré hasta después de mi muerte; nunca debo permitir que quede sepultado o desplazado; debo hacer que el principal objetivo de la vida se convierta en hacer presente ese destino y en ayudar a los otros a que hagan lo mismo”.

Durante los años de la II Guerra Mundial, además de las emisiones para la BBC, la Fuerza Aérea Real (RAF) lo reclutó para que recorriera todas las bases del país impartiendo charlas sobre teología. Recibía cartas de todas las partes del mundo, y solía responder a todas de su puño y letra. Nunca sabremos cómo se las arregló para poder hacerlo. Un detalle más de su vida que merece la pena ser mencionado y que sólo se supo después de su muerte, es que desde que obtuvo los primeros ingresos por sus escritos, dos tercios de sus derechos se destinaban a una institución benéfica que ayudaba a viudas y huérfanos que vivían en un estado deplorable.

Las crónicas de Narnia



Hacia el final de su vida, escribió las conocidas “Crónicas de Narnia”. En la primera -“El león, la bruja y el armario”- Lewis introduce a sus lectores en el país imaginario de Narnia. Es ante todo un mundo de animales parlantes y está gobernado por un rey león llamado Aslan. Es un león de gran sabiduría, severidad y ternura; el más querido de todos los personajes de estos libros. Al explicar lo que había detrás de esta trama, Lewis dijo que era la respuesta a esta cuestión: “Suponed que hubiese un mundo como Narnia y que tuviese necesidad de ser salvado, y que el Hijo de Dios fuese a redimirlo del modo que vino a redimir el nuestro, ¿cómo podría haber ocurrido todo en aquél mundo?” Algunos lectores reconocen instantáneamente a Cristo en Aslan, y según parece esto les ayuda a amar en Cristo lo que aman en Aslan. Parece que los niños que no logran ver la relación desde el principio obtienen el mismo provecho. De una manera completamente libre e imparcial, podrán descubrir un buen día que las cosas que les gustan y que admiran en Aslan son en realidad propias de Cristo. Ciertamente Lewis esperaba que se estableciera esta relación.

Cuando todos los cuentos estuvieron a la venta, Lewis explicó el motivo que le había empujado a escribirlos. “Creí comprender que las historias de este tipo podían acabar con ciertos prejuicios que habían paralizado en mi infancia la vida religiosa.” “¿Por qué era tan difícil tener hacia Dios y hacia la Pasión de Cristo los sentimientos que nos enseñaban? Pensé que la razón principal de esa dificultad es que tales sentimientos se nos imponían como una obligación. Y la obligación puede congelar los sentimientos… Si lográsemos proyectar todas estas enseñanzas en un mundo imaginario, sin verlas a través de un vidrio coloreado y sin asociarlas con la predicación dominical, ¿podríamos entonces lograr que apareciera por primera vez con toda su fuerza? ¿Acaso no sería éste el modo de vencer aquellos prejuicios que acechan como atentos dragones? Pensé que sí”.

Matrimonio y curación del cáncer

Hacía 1954 Lewis conoció a la poetisa americana Joy Davidman Gresham, que entonces estaba divorciada y vivía con sus dos hijos en Oxford. En 1956, cuando empezaron a estrechar su amistad, a Joy se le diagnosticó un cáncer muy avanzado y grave. Un pastor protestante anglicano los casó en el hospital al año siguiente. Inesperadamente Joy se repuso y ella y Lewis vivieron juntos varios años de gran felicidad, producto de los cuáles es el libro “Los cuatro amores” (1960).


En 1963 Lewis sufrió un ataque al corazón y estuvo en coma durante veinticuatro horas. Una vez recobrado, pasó los pocos meses que le quedaban escribiendo a unos viejos amigos. “Después de haber sido conducido tan suavemente hasta la Puerta, resulta duro ver que se cierra ante las propias narices, sabiendo que habré de pasar otra vez por el mismo proceso algún día, ¡y quizás de una forma mucho menos placentera! ¡Pobre Lázaro! Pero Dios sabe lo que hace.” Lewis murió pacíficamente en su casa, en Oxford, el 22 de noviembre de 1963. Pocos hombres estuvieron tan bien preparados.