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domingo, 1 de abril de 2018

Personaje del mes: RAJA JANAKA

Podemos ubicar históricamente a Raja Janaka o Rey Sabio Janaka unos 6.000 años antes de Cristo en la India. La denominación de “Rey Sabio” viene dada porque, en la Antigua India, los Reyes, para poder ser Reyes y estimados por todo el pueblo y no sólo por los militares, debían de tener un título, aparte del título de Príncipe, de Rishis (sabios) y llamarse por tanto Raja-Rishis o Rajarshis, que significa: Rey sabio. Leamos algunas anécdotas para conocer la historia de este maestro.

Raja Janaka, modelo de Rey sabio

Janaka destaca por su capacidad de dirigir completamente sus pensamientos hacia lo divino. Mientras cumplía con sus deberes para con el mundo ordinario, gobernaba su reino y procuraba lo necesario para sus súbditos.

“Ama las cosas de este mundo con el amor que debes y no más”.

El gran sabio Suka estaba una vez enseñando muchas cosas a sus discípulos. Janaka supo de esto y deseó convertirse en discípulo de Suka y recibir sus enseñanzas. Se dirigió al bosque, presentó sus respetos a Suka, le pidió que le aceptara como uno de sus numerosos discípulos, y le solicitó permiso para asistir a sus clases. A partir de ese día, Janaka se portó como uno de los discípulos. Un día que no llegó a tiempo, Suka no inició sus clases, esperando a que el Rey llegara. Además de eso, les dijo a sus discípulos que estaba posponiendo la clase por esa razón. Cuando les dijo que esperarían hasta que Janaka llegara, ellos empezaron a murmurar entre sí, y se decían unos a otros que habían buscado a este gran sabio sólo porque creían que él no concedía importancia especial a los reyes y otras personas poderosas.




Desde aquel día, su fe en el gurú empezó a declinar y comenzaron a sentir envidia del Rey Janaka. Tan pronto como Suka percibió tal sentimiento de envidia y celos entre sus discípulos, decidió darles una lección. En un momento dado hizo creer a todos los alumnos que la ciudad de Mithilapura estaba en llamas. Todos empezaron a pensar en las consecuencias, en lo que podría pasar en sus casas, y corrieron a la ciudad para salvar lo que pudieran. Sin embargo, Janaka no se mostró inquieto ni se movió de su lugar. Suka le dijo que las llamas parecían haberse extendido hasta el palacio y lo conminó a que fuera y salvara a sus habitantes. Janaka sólo sonreía, pensando que la voluntad de Dios se cumpliría y nadie podría cambiarla. Los envidiosos estudiantes que corrieron hacia la ciudad encontraron que no había ningún fuego y que aquello había sido sólo un engaño. Regresaron, informaron de esto a su Gurú y se sorprendieron de la estabilidad mental de Janaka.

Suka los miró y les dijo que era mejor tener un solo estudiante disciplinado que muchos que no tenían firmeza de mente.

Raja Janaka, padre de Shri Sita casada con Shri Rama

El Rey Janaka tenía el arco de Shiva en su palacio. Ese arco era muy pesado y no era posible que los mortales lo levantaran. Un día, Sita, que era muy joven en ese momento, estaba jugando a la pelota con sus compañeros de juegos. Mientras jugaba, sucedió que la pelota quedó atrapada debajo del arco de Shiva. Todos los niños trataron en vano de levantarlo. Entonces Sita, como si nada, lo levantó con su mano izquierda y agarró la pelota. El Rey se quedó asombrado cuando se enteró del incidente. Se dio cuenta de que Sita no era una niña ordinaria. Decidió darla en matrimonio a una persona que pudiera romper el arco de Shiva. Pensó que sólo una persona así sería la pareja adecuada para ella, ya que ningún mortal podía hacerlo. Habiendo decidido esto, envió invitaciones a muchos reyes. El día fijado, los reyes vinieron e hicieron fútiles intentos de levantar el arco. Hasta el poderoso Ravana fracasó miserablemente en su intento de levantar el arco.

El sabio Vishvamitra había traído a Rama y a Lakshmana con él a la corte de Janaka. Todos los que estaban allí reunidos se sintieron atraídos por sus radiantes formas. Nadie miraba el arco. Su atención estaba centrada en Rama y Lakshmana. Vishvamitra le echó una mirada significativa a Rama. Rama comprendió su implicación y lentamente empezó a caminar hacia el arco. Todos los reunidos sonreían para sí pensando cómo podría un muchacho tan joven realizar una tarea en la que hasta el poderoso Ravana había fracasado. Para asombro de todos, Rama levantó el arco sin esfuerzo con su mano izquierda. Janaka recordó el incidente de cuando Sita levantó el arco. Se llenó de alegría con el sentimiento de que había encontrado al marido adecuado para Sita. Mientras tanto, Rama trató de templar el arco. En el proceso, se rompió con un sonido atronador. La gente quedó impresionada viendo la majestuosa forma de Rama y su poderosa proeza. Aclamaron la buena fortuna de Sita con profusión. Estaban felices de que Sita hubiera ganado la mano de una persona que era virtuosa, poderosa y hermosa.


Ver Ramayana

Raja Janaka, en busca del conocimiento interior

Durante su reinado, Raja Janaka envió un mensaje a todo su pueblo por el que solicitaba un maestro que le enseñara su propio conocimiento interior. Astavakra se presentó como aquel que podría resolver el problema del Rey diciéndole: “Mi Rey, yo estoy preparado para transmitirte el conocimiento del Atma como tu deseas, pero para ello debemos alejarnos de la corte y trasladarnos al bosque”.

Y así lo hicieron. Una vez allí, Astavakra habló a su rey: “No estoy seguro de continuar si tú no aceptas mis condiciones. Yo solamente soy un chico en posición de maestro. Y tú eres mi todopoderoso Rey en posición de discípulo. ¿Estás preparado para aceptar esta relación? Si estas de acuerdo en aceptar esta relación yo seré tu Guru y comenzaremos mis enseñanzas.

“El Rey Janaka contestó a Astavakra: “alcanzar a Dios es lo más importante para mí y estoy preparado para darte absolutamente cualquier cosa que tú quieras”. Astavakra replicó: “yo no quiero cosas materiales, todo lo que deseo es tu mente. Debes darme tu mente”. El Rey contestó: “yo te daré mi mente “.

Astavakra pidió a su Rey que se sentara bajo un árbol y se alejó. Los soldados que custodiaban al Rey, y que se encontraban fuera del bosque, esperaron durante mucho tiempo hasta que comenzaron su búsqueda. Cuando le encontraron, su Rey no contestaba a sus preguntas; de hecho, parecía no escucharles, por lo que, asustados, llamaron al Primer Ministro.

El Primer Ministro tampoco consiguió que el Rey contestara a sus preguntas, por lo que avisó a la Reina, a la que tampoco respondió.

Finalmente, los soldados trajeron a Astavakra ante la presencia de su Rey, creyendo que le había hechizado. Astavakra les preguntó: “¿por qué estáis preocupados? El Rey está a salvo y en paz”.

Al oír la voz de Astavakra, el Rey abrió los ojos y preguntó a su maestro por la paz que había sentido. Astavakra respondió: “Tú has alcanzado el estado de la Realización con Dios”.

Raja Janaka, transmisor de los conocimientos a todo el pueblo

Janaka transmitió el principio del conocimiento de los valores de los guerreros, más allá incluso de la propia estirpe de los guerreros. Introdujo en los monasterios las enseñanzas de las gimnasias energéticas, que aun cuando eran enseñadas por los Maestros monjes, solamente eran aprendidas inicialmente por los que iban a ser guerreros, y posteriormente, con Janaka, por todo el pueblo. Impulsó a los médicos, para que sacaran de las estructuras de las técnicas militares, que fortalecían el cuerpo de los guerreros, los conocimientos precisos para ayudar a la gente a mantener su salud y, al mismo tiempo, para que los novicios pudieran no solamente elevar su espíritu sino, al mismo tiempo, tener unos cuerpos sanos y fuertes que les permitieran continuar con la mística y sus diferentes trabajos.




De esta manera, y con más de 8.000 años transcurridos desde su nacimiento, el maestro Janaka se nos presenta como un extraordinario modelo de Rey y Guru que cultiva una religión interior basada en el Dharma (camino recto).

miércoles, 21 de marzo de 2018

Los tres caminos




Había tres hermanos, unidos en su viaje hacia la Verdad Absoluta, buscando la Nueva Jerusalén. Al inicio de su viaje se encontraron con tres caminos....

El camino de la izquierda era raso y pedregoso, umbroso y frió. El de la derecha era limpio y soleado; lleno de colinas, sin ningún árbol. Ambos parecían bastante difíciles de tomar, como si no fuera posible determinar donde terminarían ya que los dos eran muy sinuosos.

El tercero, que estaba entre estos dos, era directo y hermoso pero estaba fuera de alcance. Era como si ese camino flotara en el aire. No veían la manera de alcanzarlo...

Entonces pensaron que quizás, tomando el camino de la izquierda o el de la derecha, podrían algún día cruzar el camino central y así entrar en la Nueva Jerusalén.

Se miraron unos a otros y decidieron que uno de ellos tomara el camino de la derecha, otro el camino de la izquierda... y el tercero dijo: “Yo os esperaré aquí intentando encontrar una manera de llegar al camino central que parece ser el más apropiado.

Encontrémonos aquí dentro de un año y un día, si ninguno vuelve, intentaré encontraros para deciros si he hallado la manera de alcanzar el camino central.”

Dicho y hecho. El hermano mayor tomó el camino de la derecha, el segundo el de la izquierda y el más joven se quedó allí, debajo de un árbol y, espontáneamente, comenzó a meditar.

El mayor empezó a andar por aquel extraño camino bajo el Sol. Hacía mucho calor, no había nada de sombra para protegerse, pero su fuerza de voluntad hacía que siguiera adelante. Mientras caminaba por las colinas, que cada vez eran más y más grandes, se encontró con un hombre pequeñito que le preguntó, “¿Qué es lo que estás buscando?”.

El mayor de los hermanos respondió, “Quiero llegar al camino del centro, y siento que debo aumentar mi fuerza de voluntad, porque el camino que escogí es muy difícil pero no me daré por vencido, lo lograré.”

“Te mostraré como conseguir poderes,” dijo el diminuto señor, “los llamados siddhis te darán el poder de curar a la gente, de manipularla, de volar, de crear objetos de la nada... pueden ayudarte en tu búsqueda.”

“¡Oh! sí, supongo que me harán lo suficientemente fuerte para alcanzar el camino central y así llegar a la Nueva Jerusalén. Luego, podré regresar por mis hermanos, les enseñaré y me convertiré en su Guru para así guiarlos hasta allí.”

Comenzó a estudiar y pronto, ya era capaz de volar, usar el poder de los espíritus y curar personas, pero nunca llegó a volar tan alto como para alcanzar el camino central.

Esto le enfurecía. Así, curaba a la gente y estaba muy orgulloso de ello, porque era capaz de hacerlos sentirse bien; se sentía muy poderoso y espiritual. No podía perdonar a Dios por no ayudarle cuando estaba realizando tan extraordinario esfuerzo, ayudando a la gente, volando en su cuerpo astral, usando la agradable y cálida energía que había hallado en este camino.

Un día, llegó a un punto en la montaña, donde comenzó a ver el futuro. Entonces pensó “¡Já! Ahora sí. ¡Pronto llegaré a la Nueva Jerusalén!”

Pero todo lo que pudo ver en el futuro fue destrucción y guerras... y más allá, los tres caminos que se unían. “Ah, aquí estamos, ahora podré tomar el camino central.”

Sin embargo, un hombre fuerte y robusto hacía guardia en la puerta del punto donde los caminos se cruzaban.

El portal era muy estrecho, y se preguntaba cómo haría para cruzarlo.

El guardián preguntó “¿Perdonas a alguien?”

“¡No!” dijo el mayor de los hermanos, “Porque muchas personas me quisieron dominar y vencer durante mi viaje.

¡Ellos ni siquiera tenían los poderes que yo tengo!”

“¿Te perdonas a ti mismo?” preguntó el guardia.

“¡No!” replicó, “Estoy enojado conmigo mismo, porque aparentemente no fui capaz de recabar suficiente poder para llegar directamente a la Nueva Jerusalén.”

La última pregunta que le hizo el guardián fue “¿eres capaz de pedirle perdón a Dios?”

“¿Por qué habría de hacerlo?” exclamó, “¡No he hecho nada incorrecto!

Él debería de pedirme perdón a mí por haberme hecho creer que este camino me haría llegar a la Nueva Jerusalén.”

“Entonces lo siento. No podrás pasar por este portal.

Regresa cuando obtengas el poder de perdonar, cuando obtengas el poder de la inocencia y la humildad.”

Ante la fuerza de estas palabras, el mayor de los hermanos cayó desvanecido... y cuando despertó se encontró en el mismo lugar donde estaba un año antes.

El segundo hermano tomó el camino de la izquierda, Era un camino muy húmedo, con árboles muertos, y nada de Sol. Sólo la Luna estaba presente iluminando el camino.

Se sentía muy triste en el camino, los recuerdos de su infancia y vidas anteriores regresaban. Luego, una gran cantidad de espíritus fueron a él y le dijeron, “Podemos ayudarte a encontrar el camino a la Nueva Jerusalén.” Y les dijo, “¡Oh! sí, me agradaría eso. Estoy perdiendo el valor a medida que avanzo por el camino y necesito ayuda. No consigo hacer nada por mí mismo, he perdido todo deseo...” 

Entonces los espíritus comenzaron a hacer todo por él, y comenzó a tomar alcohol para adquirir más coraje y así seguir caminando.

Los espíritus le estaban llevando a algún lugar que desconocía, no tenía ningún control sobre su voluntad, y esto le alegraba. No deseaba ser dueño de sus propias acciones, ya que se sentía tan débil, sin fuerza. Además, se sentía muy culpable por haber dejado atrás a su joven hermano, solo al inicio del camino, pero no tenía nada de energía y voluntad para regresar sobre sus pasos. No sabía ya ni siquiera quien era y caminaba sin sentido, lleno de letargo.

Estaba perdiendo la paz y no encontraba satisfacción alguna. Comenzaba algo y nunca lo terminaba; algunas veces sentía que era mejor terminar con su vida. Por supuesto, los espíritus le decían que ésta era una buena idea, que sería muy feliz si se unía a ellos, pero ni siquiera para ello contaba con energía... Intentaba rezar, ser muy devoto de Dios para que así Él lo ayudara a alcanzar esa meta incierta que era la Nueva Jerusalén, pero no conseguía encontrar puro deseo en su interior y nada le calmaba. Y el camino se volvía más y más espeso, y más y más frió... Luego de una larga caminata llegó a la misma puerta que su hermano y el guardián le dijo, “¿Tienes la voluntad para perdonar a alguien?”

“No lo sé”, dijo el segundo de los hermanos, “si es que soy capaz de hacerlo... no tengo el deseo de hacer nada.” “¿Te perdonas a ti mismo?” Preguntó el guardián. “¿Cómo puedo perdonarme a mi mismo?” exclamo, “he dejado a mi hermano más joven solo allá, he renunciado a todo y nada ha ocurrido. No encuentro ni siquiera el deseo de alcanzar el camino central, y supongo que ahora ni siquiera seré capaz de pasar a través de la puerta estrecha.”

“¿Eres capaz de pedirle perdón a Dios?”, preguntó el guardián.

“¿Cómo puedo hacerlo?” respondió, “Soy un pecador, ¿cómo puedo atreverme a pedir que Dios me perdone? He cometido demasiados errores en mi camino hacia Él. No merezco su amor.”

“De acuerdo”, dijo el guardián, “No es el momento apropiado para que pases por el portal, cuando seas capaz de perdonarte a ti mismo sin sentirte culpable, de perdonar a otros y pedir perdón, teniendo fe en la capacidad de perdonar sin limites de Dios, podrás regresar y atravesar el portal.”

Y así, el segundo de los hermanos se durmió y despertó en el punto de partida.

El tercer hermano

En el punto de partida, estaba el menor de los hermanos, henchido de gozo. Les preguntó, “¿Habéis encontrado el camino a la Nueva Jerusalén?” “No,” dijo el mayor, “el guardián del portal tuvo la arrogancia de decirme que sea más humilde y perdone.” “No,” dijo el segundo, “He sido tan mala persona... No merecí la Gracia de Dios.”

Y ambos contaron su historia. Luego le preguntaron a su hermano menor, “Y tú, ¿lo encontraste? Tus ojos están brillando, pareces muy gozoso.”

“Sí”, dijo el hermano. “Escuchad.”

“Durante todo el año, estuve mirando hacia el canal central y sentí que debía tener puro deseo de alcanzarlo. Hice un gran esfuerzo por lograrlo pero nada ocurría. Entonces decidí entregarlo a la voluntad de Dios y comencé a rezar, “Por favor, guíame hacia tu camino central.” Luego, una mujer hermosa apareció ante mí, sonriente, amorosa, pacifica, y ¡tan sabia! Ella dijo: “pon tus manos hacia Mí, con las palmas hacia arriba, y pide con deseo puro e inocencia, en lo profundo de tu corazón. ¡Por favor Madre!, guíame a la Nueva Jerusalén y muéstrame quien soy realmente.” Lo hice y repentinamente una brisa fresca comenzó a fluir espontáneamente, llenando el espacio que hay entre el árbol y el camino, para que así pudiera seguir el camino. Fue un camino lleno de gozo y paz a través del cual aprendí quién soy realmente. Me di cuenta que soy el Espíritu, que es el reflejo de Dios. Me di cuenta que Dios es mi Madre y mi Padre y que cuidan de mí, dándome total seguridad y confianza. 

Pude así perdonar a todos, incluso a mis peores enemigos, sintiendo que también ellos son hijos del Divino, aún cuando hayan tomado caminos equivocados.” Pude también perdonarme a mí mismo, por ejemplo, por haberos dejado partir en tan peligrosa aventura. Le pedí a Dios que me perdonara y sentí dentro de mí su Compasión sin fin...”

“Me presenté con mucha humildad ante el guardián del portal y, muy amorosamente, me permitió pasar a través de la angosta puerta. Entré en la Nueva Jerusalén. Pude ver a muchas personas allí, con un hermoso brillo en los ojos. Allí sentí el amor, la compasión, y las bendiciones que Dios quiere darnos. Él me dijo, “Regresa y comparte la experiencia con los seres humanos, con tus hermanos que han tomado tan peligrosos caminos en la vida... tú no eres diferente de otros seres humanos, pero tú puedes ahora sentir que todo está dentro de ti. Cada vez que meditas, tu Madre interior soplará el viento que te traerá a nosotros en la Nueva Jerusalén y en cada oportunidad sentirás la misma bendición, el mismo silencio de pensamientos, la misma paz.”

“Cuando abrí los ojos, todavía me encontraba debajo del árbol y comprendí que nunca lo había abandonado, y que todo lo que había ocurrido estaba en mi interior.”

“¿Queréis experimentar la Verdad?” -preguntó el menor de los hermanos.

Le dijo al mayor: “Tú debes rendir tu ego a Dios y perdonar a todos, pedirle perdón por haber dudado de sus poderes en tu camino, por ser tan arrogante y desamorado.”

Le dijo al segundo: “Tú debes rendir tu superego a Dios, y perdonarte a ti mismo, y pedirle perdón por no haber sido aquello que tú creías debías ser. No sentirte culpable y ser responsable de tus acciones.”

El más joven continuó: “Sólo debéis sentir la presencia del Espíritu en vuestro interior, ya que somos partículas del Divino. Dejad que su Amor Omnipresente penetre en vuestro corazón y satisfaga todas las necesidades de la existencia. Permitid a la paz entrar en vuestro corazón y que os guíe hacia la conciencia sin pensamientos. PERDONAD.

Perdonad y descubrid la inocencia en el interior, donde ha estado escondida durante años. Perdonaos a vosotros mismos y a los otros, y tratad de ser humildes así podréis sentir que Dios realmente os ama, sea lo que sea que hayáis hecho.”

Ambos, luego de sentir como emanaba la brisa fresca sintieron en su interior el amor incondicional, y el silencio interior. Pudieron tener un paseo por la Nueva Jerusalén, donde todo el mundo tiene ese brillo especial en los ojos y un corazón totalmente abierto a los demás.



sábado, 3 de marzo de 2018

Personaje del mes: Abraham

Patriarca bíblico perteneciente a una sociedad nómada según el libro del Génesis, vivió entre los años 2.000 y 1.500 antes de Cristo. Debido a que el relato bíblico de su vida (Génesis) se basa en tradiciones conservadas por trasmisión oral más que en documentos históricos, no puede escribirse una biografía tal y como hoy la conocemos.

Según la tradición conservada, Abraham murió a la edad bíblica de ciento setenta y cinco años y tuvo una vida admirable que le mereció el sobrenombre de “Padre de los creyentes” siendo aceptado por cristianos, musulmanes y judíos como encarnación del hombre de fe inquebrantable.

Llamado Abram originalmente, fue hijo de Terah, descendiente de Shem y criado en la pequeña ciudad de Ur de Caldea. Allí, y como el resto de sus compatriotas, adoró a los muchos dioses que se creía tenían el control sobre las diferentes partes de la naturaleza. En esta misma ciudad, Abraham en su afán de búsqueda, encontró al único Dios que parecía tener control no sólo sobre toda la naturaleza sino también sobre toda la historia.

Nadie está seguro de cómo o cuando Abraham dejó de creer en muchos dioses y empezó a creer en el único Dios y, aunque su experiencia no puede ser fechada exactamente, parece que ocurrió en algún momento entre el año 2000 y 1800 antes de Cristo, período en el cual Abraham salió de la ciudad de Ur y viajó mil millas hacia la ciudad de Hebron, lugar en el cual Dios le revelaría que sus descendientes estarían protegidos y que, con el tiempo, llegarían a ser una gran nación. Esta experiencia de Abraham significó el comienzo de la nación judía  Abraham es considerado como uno de los patriarcas judíos - figura de padre -. Los otros dos patriarcas judíos son Isaac - el hijo de Abraham - y Jacob - el hijo de Isaac -).

Lo más importante en la vida de Abraham es su proclamación del monoteísmo y su actitud de entrega completa a Dios: Por la obediencia, sustentada en la fe, se dirige hacia el cumplimiento de todas las promesas divinas impulsado por la esperanza de que se realizarán. Las promesas de Dios a Abraham son la base del evangelio de Cristo.




El único Dios

En un entorno donde la mayoría de la gente creía en múltiples dioses, Abraham se mantuvo firme en la creencia de un único Dios y fue esta misma creencia el origen de una de las más importantes religiones de la historia de la humanidad: la religión judía.
Desde niño, Abraham siempre se preguntó quién sería el creador del mundo. En su afán de búsqueda, preguntó sobre esta cuestión a su padre Terach, vendedor en una tienda de figurillas de ídolos. La respuesta que obtuvo fue que Terach sacando un ídolo de la estantería y mostrándoselo a Abraham, afirmó que el ídolo había creado al mundo.

No satisfecho con la respuesta de su padre, Abraham preguntó a su tío la misma cuestión. La réplica que obtuvo fue que la luna y las estrellas eran las que habían creado el mundo. En ese tiempo y aunque Abraham no tenía la certeza aún, sentía que debía haber un Todopoderoso en el cielo que fuera el que creara el mundo... un único Dios.

Y fue este único Dios el que estableció una relación especial con Abraham y sus descendientes por medio de la siguiente promesa: "Tú serás el padre de muchas naciones y desde hoy te llamarás Abraham; de ti saldrán reyes y naciones y a ti y a ellos les daré toda la tierra de Canaan, como su herencia para siempre; y yo seré su Dios".

El hijo de Abraham

Durante años Abraham anhela un hijo que no llega (vive en una sociedad patriarcal) e incluso llega a pensar que el vientre de Sarah pudiera estar cerrado.

Tras la manifestación de Dios a Sarah de que tendría un hijo, Isaac, el primer hijo legítimo de Abraham nace cuando éste tiene 100 años.

Capítulo 18 del Génesis Promesa del nacimiento de Isaac
18:9 Y le dijeron: “¿Dónde está Sara tu mujer?” Y él respondió: “Aquí en la tienda”.

18:10 Entonces dijo: “De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara, tu mujer, tendrá un hijo.” Y Sara, que estaba detrás de él, escuchaba a la puerta de la tienda.

18:11 Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.

18:12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: “¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”

18:13 Entonces Jehová dijo a Abraham: “¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja?”

18:14 “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.”

Tiempo después, Dios ordena a Abraham que sacrifique a Isaac como prueba de fe. Que vaya a lo alto de una montaña y que sacrifique a su único hijo. Abraham dispuso todo lo necesario para sacrificar a Isaac, que en su ignorancia preguntaba dónde estaba el cordero a ser sacrificado en el altar que habían preparado y, justo en el momento de la ejecución, Dios le detuvo y le proveyó de un cordero. Tan solo se trataba de una prueba para ver cuanta devoción y fe había en él.


Si Dios no hubiera detenido a Abraham éste hubiera matado a su hijo sólo porque Dios así se lo había pedido. Sin embargo, y gracias a la incuestionable entrega de Abraham, Dios dejó la vida a Isaac y recompensó a Abraham con una renovación de su promesa.
Por la fe, Abraham sale victorioso de esta prueba. Una prueba dramática que comprometía directamente su fe. Incluso en el instante, humanamente trágico, en que estaba a punto de infligir el golpe mortal a su hijo, Abraham no dejó de creer. Más aún, su fe en la promesa alcanzó entonces su culmen. Pensaba: ”Dios es poderoso aún para resucitarlo de entre los muertos”. Eso pensaba este padre probado, humanamente hablando, por encima de toda medida. Y su fe, su abandono total en Dios, no le defraudó. Está escrito: “Por eso lo recobró” (Hb 11, 19). Recobró a Isaac, puesto que creyó en Dios plenamente y de forma incondicional

Viejo Testamento

Abraham se puede considerar el punto de partida de la religión del Viejo Testamento. Tanto es así que, desde los días de Abraham, los hombres hablarán de Dios como el Dios de Abraham. No encontramos ninguna referencia previa a Abraham en la cual exista alguien refiriéndose a Dios de la misma manera. Dios dijo a Moisés “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham”. Esta frase es común en el Viejo Testamento.

Abraham es elegido como el primer principio o fuente de la religión del pueblo de Israel y el origen de su conexión con Jehová, por su fe, confianza y obediencia hacia Jehová y por las promesas de Jehová a él y a su semilla. Su confianza en Dios se demostró cuando abandonó Harán y viajó con su familia al desconocido país de Chanaan. Y, posteriormente, cuando estaba dispuesto a sacrificar a su único hijo Isaac en obediencia a un mandato de Dios.

Nuevo Testamento

La generación de Jesucristo se rastrea hasta Abraham. Según san Mateo y san Lucas, Él es descendiente de la carne no solamente de Abraham sino de Adán. Es más, tal como el Nuevo Testamento rastrea la descendencia de Jesucristo desde Abraham también lo hace la religión judía.


viernes, 2 de marzo de 2018

Cuentos cortos

PENSAR BIEN DE LOS DEMÁS

Érase una vez un sacerdote tan santo que jamás pensaba mal de nadie. Un día, estaba sentado en un restaurante tomando una taza de café -que era todo lo que podía tomar, por ser día de ayuno y abstinencia cuando, para su sorpresa, vio a un joven miembro de su congregación devorando un enorme filete en la mesa de al lado.

- Espero no haberle escandalizado, padre -dijo el joven con una sonrisa.

- De ningún modo. Supongo que has olvidado que hoy es día de ayuno y abstinencia –replicó el sacerdote.

- No, padre. Lo he recordado perfectamente…

- Entonces, seguramente estás enfermo y el médico te ha prohibido ayunar…

- En absoluto. No puedo estar más sano.

Entonces, el sacerdote alzó sus ojos al cielo y dijo: ¡Qué extraordinario ejemplo nos da esta joven generación, Señor! ¿Has visto cómo este joven prefiere reconocer sus pecados antes que decir una mentira?

EL MEJOR POLEN

Un agricultor, cuyo maíz siempre había obtenido el primer premio en la Feria del Estado, tenía la costumbre de compartir sus mejores semillas de maíz con todos los demás agricultores de los contornos. El resto de agricultores de la comarca, acostumbrados a competir entre ellos y a guardar celosamente sus semillas, estaban intrigados por aquella muestra de generosidad.
Por fin decidieron investigar el motivo. Cuando le preguntaron por qué lo hacía, dijo:

- En realidad, es por puro interés. El viento tiene la virtud de trasladar el polen de unos campos a otros. Por eso, si mis vecinos cultivaran un maíz de clase inferior, la polinización rebajaría la calidad de mi propio maíz. Esta es la razón por la que me interesa enormemente que sólo planten el mejor maíz.

La calidad de vida de quienes conviven con nosotros también repercute en nuestra vida.

LAS VIEJAS COSTUMBRES

Cuando, debido a un accidente, el cacique de la aldea perdió el uso de sus piernas, tuvo que caminar con muletas. Poco a poco, fue aprendiendo a moverse con rapidez, llegando incluso a bailar y a realizar pequeñas piruetas, para regocijo de sus vecinos. Luego se le metió en la cabeza la idea de adiestrar a sus hijos en el uso de las muletas, no tardando en convertirse en un símbolo de prestigio en aquella aldea el caminar con muletas; y al cabo de poco tiempo, todo el mundo caminaba de ese modo.

Pasadas cuatro generaciones, no había nadie en la aldea que caminara sin muletas. La propia escuela incluía en su currículum un curso de “Muletería teórica y aplicada”, y los artesanos de la aldea se hicieron célebres por la calidad de las muletas que fabricaban.

Llegó incluso a hablarse de crear unas muletas accionadas electrónicamente.

Un día se presentó un joven turco ante los jefes de la aldea y les preguntó por qué todo el mundo caminaba allí con muletas, a pesar de que a todos les había dado Dios unas piernas para caminar. A los ancianos les hizo gracia que aquel insolente joven se considerara más listo que ellos, y decidieron darle una lección.

- ¿Por qué no nos enseñas cómo se hace?, le dijeron.

- De acuerdo, dijo el joven.

Y se determinó que la demostración tuviera lugar el sábado siguiente, a las diez en punto de la mañana, en la plaza de la aldea. Allí estaba todo el mundo cuando llegó el joven al centro de la plaza caminando con ayuda de unas muletas; y cuando el reloj de la aldea comenzó a dar la hora, el joven se irguió y soltó las muletas. La multitud guardaba un expectante silencio mientras él daba un enérgico paso adelante… y caía de bruces.

Con lo cual, todos se confirmaron en su creencia de que era absolutamente imposible caminar sin ayuda de unas muletas.


CUENTOS DE ANTHONY DE MELLO

lunes, 12 de febrero de 2018

Personaje del mes: Moises


Personaje bíblico, hijo de Amram y Jokebed, hermano de Aarón y Miriam, de la tribu de Levi que, según el relato de Éxodo (siglo XIII a. C.), liberó al pueblo judío de la opresión a que se veía sometido por Egipto conduciéndoles por el desierto hacia la Tierra Prometida de Israel, aunque murió sin poder entrar en ella (según la tradición bíblica vivió 120 años y fue a la edad de 80 cuando se enfrentó al faraón). Fue el autor de los fundamentos de la ley judaica que está contenida en los cinco libros del Antiguo Testamento que forman el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) y que constituyen la Thora (“Ley” o “Enseñanza”) de los judíos.

La Era de Moisés Uno de los hijos de Jacob (descendiente de Abraham), llamado José, que fue vendido como esclavo al Faraón de Egipto, consiguió, en la corte de este rey, tal prestigio y autoridad que llegó a ser virrey de Egipto y en calidad de tal llamó a sus hermanos y les dio el país de Gersén para que lo cultivaran y vivieran de sus productos. De este modo, los israelitas se hicieron tan numerosos que los reyes de Egipto temerosos de su importancia los sometieron a dura servidumbre, acabando por decretar la muerte de todos los hijos varones que nacieran en aquel pueblo. El relato bíblico (Éxodo II, 1-10) hace de Moisés un judío de la tribu de Leví recogido por la hija del Faraón en los juncos del Nilo, donde su madre le había depositado para conmover a la princesa y salvar al niño de una persecución idéntica a la de Herodes. Sin embargo, otras fuentes afirman que Moisés fue un sacerdote de Osiris.

Años de formación Criado en la corte de los faraones recibió instrucción en asuntos religiosos, civiles y militares. Al comienzo de su edad adulta y en defensa de un hebreo, cruelmente maltratado, mató a un egipcio. Este fue el motivo por el que tuvo que huir al desierto (Midiam, en el noroeste de Arabia) donde se convirtió en pastor y se casó con Séfora con quien tuvo dos hijos: Eliécer y Gerson.

Moisés en Midiam

Un día, mientras cuidaba las ovejas en el desierto, Moisés vio que un montón de espinas ardían entre llamaradas pero no se quemaban. Lleno de curiosidad, se acercó para ver qué era lo que pasaba y una voz le dijo: “Moisés, Moisés, quítate las sandalias porque el sitio que estás pisando es sagrado”. Le preguntó: ¿Quién eres Tú, Señor? La voz le respondió: Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. He oído las lamentaciones de mi pueblo de Israel y he dispuesto bajar a ayudarle. He dispuesto liberarle de la esclavitud de Egipto y llevarle a una tierra que mana leche y miel. Yo te enviaré al faraón para que os deje salir en libertad. Moisés preguntó: Señor, y si me preguntan cuál es tu nombre, ¿qué les diré? El Señor le respondió: Yo soy Yahvé (Aquel que crea).

Yo soy el que soy.

Irás a los israelitas y les dirás: “Yahvé, que es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, me envía a vosotros”. Luego reunirás a los ancianos de Israel, y con ellos irás al faraón a pedirle que deje salir libre al pueblo. El faraón se negará pero yo haré toda clase de prodigios para que os deje salir”. Moisés dijo al Señor: ¿Y qué demostración les voy a hacer para que sepan que voy de parte de Dios? El Señor le respondió: Echa al suelo tu vara de pastor. Moisés lanzó al suelo su vara o bastón que se convirtió en serpiente. Dios le dijo: Toma la serpiente por la cola. La agarró y se volvió otra vez bastón. Dios le dijo: ésta será una de las señales con las cuales yo te voy a apoyar para que te crean. Moisés le dijo a Nuestro Señor: “Yo tengo dificultad para hablar. ¿Por qué no mandas a otro?”. El Señor le dijo: “Tu hermano Aarón, que sí tiene facilidad para hablar, te ayudará”. Moisés se volvió a Egipto y junto con su hermano Aarón reunió a los ancianos de Israel y les contó lo que le había mandado el Señor Dios. Y convirtió el bastón en serpiente para demostrarles que venía de parte de Dios.


Moisés y el faraón

Fue Moisés con su hermano Aarón a la corte del faraón Ramsés II a solicitar la marcha del pueblo de Israel. Ramsés II, considerado un Dios, negó la existencia de Yahvé y no autorizó la partida de los israelitas. Moisés clamó a Dios y Dios le escuchó mandando diez terribles plagas a Egipto (agua que se convirtió en sangre, ranas, mosquitos, tábanos, peste para el ganado, ulceras en el cuerpo, granizo para los cultivos, langostas, tres  días de tinieblas y por último la muerte de todos los primogénitos de Egipto).

Camino del Sinaí Tras la muerte de su primogénito, el faraón permitió la salida de los israelitas (se estima que unas 15.000 personas). Al quinto día de la marcha, el faraón decidió salir en su búsqueda, acosándoles cerca del Mar de Papiros (Sea Reed, mar de papiros, probablemente un lago, erróneamente identificado como Mar Rojo). En este punto y por indicaciones de Yahvé, Moisés tocó con su bastón las aguas que se abrieron creando un camino por el que escapar de los egipcios. Una vez que el pueblo cruzó el mar, Moisés tocó de nuevo con su bastón y las aguas se cerraron ahogando a sus perseguidores. En ese día, el pueblo aumentó su fe en Dios y creyó en Moisés, su profeta, dirigiéndose con él al monte Sinaí. Durante los 40 años que permanecieron en el desierto, el pueblo sufrió terremotos, plagas, incendios, sequías y guerras con los pueblos nativos de Palestina. Faltó agua y comida siendo Yahvé quien proveyera del maná necesario para alimentarse.

El pacto en el Sinaí 

Al llegar al pie del monte Sinaí, Moisés subió a la cima y tras 40 días y 40 noches recibió dos tablas de piedra en las que estaban escritos los Diez Mandamientos que a partir de
entonces constituyeron las leyes fundamentales de los hebreos. De esta manera se dio forma a la religión judía: una alianza entre el único Dios (Yahvé) y el pueblo hebreo, que en adelante se mantendría fiel al monoteísmo fundado por Abraham; y un conjunto de leyes que incluían el culto del «Arca de la Alianza» (recipiente sagrado que contenía las tablas originales de los Diez Mandamientos), la instauración del clero y diez mandamientos de orden moral y religioso.

Desde el Sinaí a Transjordan El pueblo de Israel continuó camino a la Tierra Prometida y a los 40 años desde su marcha de Egipto bajo la dirección de Moisés, llegaron al fin a Canaán. Yahvé permitió a Moisés divisar la Tierra Prometida, desde la cima del monte Nebó (hoy Jordania), y después de esta visión murió. Sin embargo, ya había entregado el liderazgo del pueblo a Josué (hijo de Aarón).

Moisés el hombre

Moisés, profeta y legislador hebreo. También el Islam, que le llama Musa, lo reconoce y venera. La historia de su vida se relata sobre todo en los libros Éxodo y Deuteronomio del Antiguo Testamento. Personaje bien conocido en el cristianismo, se le menciona con frecuencia en el Nuevo Testamento. En la transfiguración de Cristo, Moisés representa la Ley. La obra de Moisés es el Pentateuco, la Thora, la Ley. Formuló el decálogo y medió en el pacto del Sinaí estableciendo una relación personal con Dios. Personaje sagrado para los hebreos, se le considera el más grande de los profetas, al que nadie puede eclipsar salvo la figura de Jesucristo al que presagió.

sábado, 3 de febrero de 2018

Religión y ciencia

Este artículo fué escrito por Albert Einstein y se publicó en el New York Times Magazine en 1930



Todo lo que ha hecho y pensado la especie humana se relaciona con la satisfacción de necesidades profundamente sentidas y con el propósito de mitigar el dolor. Uno ha de tener esto constantemente en cuenta si desea comprender los movimientos espirituales y su evolución. Sentimiento y anhelo son la fuerza motriz que hay tras todas las empresas humanas y todas las creaciones humanas, por muy excelsas que se nos quieran presentar. Pero, ¿cuáles son los sentimientos y las necesidades que han llevado al hombre al pensamiento religioso y a creer en el sentido más amplio de estos términos? Un poco de refl exión bastará para darnos cuenta de que presidiendo el nacimiento del pensamiento y la experiencia de lo religioso están las emociones más variadas.

La religión en el hombre primitivo

En el hombre primitivo, es sobre todo el miedo el que produce ideas religiosas: miedo al hambre, a los animales salvajes, a la enfermedad, a la muerte. Como en esta etapa de la existencia suele estar escasamente desarrollada la comprensión de las conexiones causales, el pensamiento humano crea seres ilusorios más o menos análogos a sí mismo de cuya voluntad y acciones dependen esos acontecimientos sobrecogedores. Así, uno intenta asegurarse el favor de tales seres ejecutando actos y ofreciendo sacrificios que, según la tradición transmitida a través de generaciones, les hacen mostrarse propicios y bien dispuestos hacia los mortales. En este sentido, hablo yo de una religión del miedo. Ésta, aunque no creada por los sacerdotes, se halla en un grado notable afianzada por la formación de una casta sacerdotal que se erige como mediadora entre el pueblo y los seres a los que el pueblo teme, y logra sobre esta base una hegemonía. En muchos casos, un caudillo o dirigente o una clase privilegiada cuya posición se apoya en otros factores, combina funciones sacerdotales con su autoridad a fi n de reforzarla; o hacen causa común con la casta sacerdotal para defender sus intereses.

Enfoque moral de la religión

Los impulsos sociales son otra fuente de cristalización de la religión. Padres y madres y dirigentes de las grandes comunidades humanas son mortales y falibles. El deseo de guía, de amor y de apoyo empuja a los hombres a crear el concepto social o moral de Dios. Éste es el Dios de la Providencia, que protege, dispone, recompensa y castiga; el Dios que, según las limitaciones de enfoque del creyente, ama y protege la vida de la tribu o de la especie humana e incluso la misma vida; es el que consuela de la aflicción y del anhelo insatisfecho; el que custodia las almas de los muertos. Ésta es la concepción social o moral de Dios.

Las Sagradas Escrituras judías ejemplifican admirablemente la evolución de la religión del miedo a la religión moral, evolución que continúa en el Nuevo Testamento. Las religiones de todos los pueblos civilizados, especialmente los pueblos del Oriente, son primordialmente religiones morales. El paso de una religión del miedo a una religión moral es un gran paso en la vida de los pueblos. Y sin embargo, el que las religiones primitivas se basen totalmente en el miedo y las de los pueblos civilizados sólo en la moral es un prejuicio frente al que hemos de ponemos en guardia. La verdad es que en todas las religiones se mezclan en cuantía variable ambos tipos, con esa diferenciación: que en los niveles más elevados de la vida social predomina la religión de la moral. Común a todos estos tipos de religión, es el carácter antropomórfico de su concepción de Dios. En general sólo individuos de dotes excepcionales, y comunidades excepcionalmente idealistas, se elevan en una medida considerable por encima de este nivel. Pero hay un tercer estadio de existencia religiosa común a todas ellas, aunque raras religioso cósmico. Es muy difícil explicar este sentimiento al que carezca por completo de él sobre todo cuando de él no surge una concepción antropomórfica de Dios.

El sentimiento religioso cósmico

El individuo siente la inutilidad de los deseos y los objetivos humanos y el orden sublime y maravilloso que revela la naturaleza y el mundo de las ideas. La existencia individual le parece una especie de cárcel y desea experimentar el universo como un todo único y significativo. Los inicios del sentimiento religioso cósmico aparecen ya en una etapa temprana de la evolución, por ejemplo, en varios de los salmos de David y en algunos textos de los profetas. El budismo, como hemos aprendido gracias sobre todo a las maravillosas obras de Schopenhauer, tiene un contenido mucho más rico aún en este sentimiento cósmico.

Los genios religiosos de todas las épocas se han distinguido por este sentimiento religioso especial, que no conoce dogmas ni un Dios concebido a imagen del hombre; no puede haber, en consecuencia, iglesia cuyas doctrinas básicas se apoyen en él. Por tanto, es precisamente entre los herejes de todas las épocas donde encontramos hombres imbuidos de este tipo superior de sentimiento religioso, hombres considerados en muchos casos ateos por sus contemporáneos, y a veces considerados también santos.

Si enfocamos de este modo a hombres como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza, veremos que existen entre ellos profundas relaciones. ¿Cómo puede comunicar y transmitir una persona a otra este sentimiento religioso cósmico, si éste no puede engendrar ninguna noción definida de un Dios y de una teología? Según mi opinión, la función más importante del arte y de la ciencia es la de despertar este sentimiento y mantenerlo vivo en quienes son receptivos a él.

Relación entre religión y ciencia

Llegamos así a una concepción de la relación entre religión y ciencia muy distinta de la habitual. Cuando uno enfoca la cuestión históricamente, tiende a considerar ciencia y religión antagonistas irreconciliables, y por una razón de lo más evidente. El individuo que está totalmente imbuido de la aplicación universal de la ley de la causalidad no puede ni por un instante aceptar la idea de un Ser que interfiera en el curso de los acontecimientos... siempre, claro está, que se tome la hipótesis de la causalidad verdaderamente en serio. Para él no tiene ningún sentido la religión del miedo y lo tiene muy escaso la religión moral o social. Un Dios que premia y castiga es inconcebible para él por la simple razón de que las acciones del hombre vienen determinadas por la necesidad, externa e interna, por lo que no puede ser responsable, a los ojos de Dios, lo mismo que no lo es un objeto inanimado de los movimientos que ejecuta. Se ha acusado, por ello, a la ciencia de socavar la moral, pero la acusación es injusta. La conducta ética de un hombre debería basarse en realidad en la compasión, la educación y los lazos y necesidades sociales; no hace falta ninguna base religiosa.

Triste sería la condición del hombre si tuviese que contenerse por miedo al castigo y por la esperanza de una recompensa después de la muerte. Es, por tanto, fácil ver por qué las iglesias han combatido siempre a la ciencia y perseguido a los que se consagran a ella. Por otra parte, yo sostengo que el sentimiento religioso cósmico es el motivo más fuerte y más noble de la investigación científica. Sólo quienes entienden los inmensos esfuerzos y, sobre todo, esa devoción sin la cual sería imposible el trabajo innovador en la ciencia teórica, son capaces de captar la fuerza de la única emoción de la que puede surgir tal empresa, siendo como es algo alejado de las realidades inmediatas de la vida. ¡Qué profundos debieron ser la fe en la racionalidad del universo y el anhelo de comprender, débil reflejo de la razón que se revela en este mundo, que hicieron consagrar a un Kepler y a un Newton años de trabajo solitario a desentrañar los principios de la mecánica celestes! Aquéllos cuyo contacto con la investigación científica se deriva principalmente de sus resultados prácticos es fácil que se hagan una idea totalmente errónea de la mentalidad de los hombres que, en un mundo escéptico, han mostrado el camino a espíritus similares a ellos, esparcidos a lo largo y ancho del mundo y de los siglos. Sólo quien ha dedicado su vida afines similares puede tener idea clara de lo que inspiró a esos hombres y les dio la fuerza necesaria para mantenerse fieles a su objetivo a pesar de innumerables fracasos.


Es el sentimiento religioso cósmico lo que proporciona esa fuerza al hombre. Un contemporáneo ha dicho, con sobradas razones, que en estos tiempos materialistas que vivimos la única gente profundamente religiosa son los investigadores científicos serios.